Esta Semana

Acepta y fluye

“Hoy voy a morir”, se dijo Antonia sentada en la cama. De manera extraña lo supo o lo decidió. La cámara se acerca a un rostro lleno de arrugas, enmarcado por un cabello totalmente emblanquecido, en el que el paso de los años resalta la belleza.

¡Qué mujer! Recia, inteligente y sensible. Pero lo que más me impactó fue su manera de ver la vida y su mente abierta para enfrentar todas las adversidades que se le presentan. Me refiero a la película Memorias de Antonia, que ganó el Oscar en 1996, a la mejor película extranjera. Es una cinta holandesa que te recomiendo mucho ver.

De pocas películas me acuerdo una vez que abandono la sala de cine o apago el televisor; sin embargo, ésta ha secuestrado mi mente por varios días.

Mientras Antonia hace un recuento de su vida, los espectadores tenemos el privilegio de atestiguar la manera en que su belleza interior crece hasta traspasarla y tocarnos. Y eso es lo que hace que el filme se quede en el alma y nos deje el deseo y el anhelo de ser como ella. La sensación se asemeja a la que un superhéroe deja en un niño; dentro de nosotros…

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