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Los silencios que matan

espiritu

Hay pocas escenas tan conmovedoras como la de esa mañana. Luis y Raúl, dos hermanos, se abrazaban después de no haberse visto ni dirigido la palabra durante cuatro décadas. Luis, entonces de 76 años, era el mayor, y Raúl, de 73, el menor. Los hijos de ambos nunca se conocieron, hasta que un día la causalidad orquestó el encuentro: ¿Cómo que somos primos?. Una vez que se identificaron, el hijo de Raúl le compartió a su primo que su papá tenía cán...

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