Esta Semana

El instante…

La sonrisa y cara de felicidad de Mateo, de 11 meses de edad, mientras retozo con él en la alberca, es el paraíso. Unos días de vacaciones de sol y agua en familia, logran el prodigio. Quisiera congelar el instante; que mi memoria grabara esa combinación de inocencia y gozo que el bebé emana de una manera casi sagrada. Frente a esto, no hay más. No deseo más, no busco más.
Mientras la magia dura, siento y vivo lo que decimos “ser feliz”. Sin embargo, al mismo tiempo la nostalgia se asoma. Pronto él y sus padres regresarán a Los Ángeles, donde viven; muy pronto dejará de ser bebé; la próxima vez que lo vea, quizá ya camine. El instante llega y antes de inspirarlo hasta el fondo, se va.
Esa misma tarde de días feriados, me entero por teléfono del fallecimiento de la hija de 23 años de una amiga mía, mientras se encontraba de intercambio en otro país. Una verdadera tragedia. ¡Qué contrastes! Esa clase de noticias nos duele, aunque no hayamos conocido a la persona o a algún familiar cercano. Con ellas nos damos cuenta de lo no negociable que es la muerte. Y del regalo…

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