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Ser más joven el próximo año

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Ser más joven el próximo año

 

Gaby Vargas

 

¡Zap! Son las 6:00 am y de un manotazo apagas el despertador cuyo sonidito irritante y en aumento te impide seguir en la placidez del sueño. Anoche te prometiste levantarte a hacer ejercicio. En tu cerebro comienzas a escuchar dos voces diferentes, una te dice: “Ya levántate, es hora de irte a correr –o a caminar–. Te vas a sentir muy bien”; la otra: “¿Qué queeé! ¿Pero qué no ves que todavía está oscuro!, ¿que el niño se despertó a media noche!, Para nada”.

 

Esta lucha infernal es la primera decisión de la jornada. Y, como todas las que tomamos, perfila nuestro día, nuestra salud y nuestra vida. La pregunta es: ¿Cómo te sientes durante ese día, de acuerdo con el fallo que hiciste?

 

Nietzsche se preguntaba lo que era la vida. Para él la respuesta fue: “El arte de despojarse de todo aquello que te hace vejete”. Una cosa es tener años y otra muy distinta es ser viejos. La diferencia está en rechazar lo que está en contra de la muerte; es decir, amar, comer sano, hacer ejercicio, apasionarse por la vida.

 

Nietzsche usaba el término “vejete” con desprecio para diferenciar entre un anciano y alguien que había renunciado a la vida sin importar la edad. ¿Qué hay detrás de un vejete? La apatía, nos dice el filósofo. A este respecto, era implacable: “Hay vejetes de 30 años”, decía. “¿Quieres descansar? Mejor muérete; si quieres te ayudo”, afirmaba.

 

Todos conocemos personas que al verlas pensamos: “¡Qué bien está!”, sin importar su edad; y otras de las que sólo nos sale un “¡ya dio el viejazo!”. ¿Qué nos lo dice? Su actitud, su cuerpo, su agilidad para moverse y el brillo de los ojos. Si bien envejecer es inevitable, el deterioro es opcional.

 

Como decía mi padre, Joaquín Vargas: “La edad se ve en el caminadito”. Por más cirugías estéticas que una persona se haga, si su bienestar no viene de adentro, la edad se nota. Sí, hay personas a quienes por su caminar encorvado pareciera que “la tierra las llama”. No lo permitas. Esto no sólo se aplica a los adultos mayores.

 

Compré un libro en algún aeropuerto. El título es realmente seductor: Younger Next Year. ¿Quién no quiere verse y sentirse más joven cada año?

 

La premisa principal de los autores es que tu estilo de vida determina el setenta por ciento de lo que sientes que es envejecer, y este sentimiento puede modificarse. Ellos son Chris Crowley, quien nos motiva a través del punto de vista de un hombre normal, y que al estilo de Nietzsche va al grano y sin piedad sobre lo que es el envejecimiento –que por cierto comienza a partir de los treinta años–; y el otro es el doctor Henry S. Lodge, quien explica el aspecto científico del envejecimiento.

 

Hoy acerca del envejecimiento se saben cosas que hace apenas 10 años no se conocían. Entre muchas de ellas, hay más conocimiento de cómo funciona nuestro cuerpo a nivel celular, lo que nos abre la puerta a un envejecimiento sano.

 

Crowley y Lodge hacen hincapié en que después de los 50 años comienza el deterioro serio. Esto, a menos de que envíes señales a tu cuerpo de que quieres estar vivo y seguir creciendo. ¿Cómo? La respuesta que dan no es opcional, no es negociable. No puede haber excusas o el cuerpo comienza a irse de bajada: “Haz ejercicio seis días a la semana. Sí, seis días por el resto de tu vida”. Ni modo, así es. Cuarenta minutos de ejercicio envían las señales vitales que sacuden a nuestras células para que se reparen y renueven. Éstas, a su vez, liberan químicos que bañan nuestro cerebro de emociones positivas. Y así, la vida cambia.

 

Así que, cuando suene tu despertador a las 6:00 de la mañana, levántate antes de que las voces en el cerebro comiencen a negociar.

 

Foto: http://data1.whicdn.com/images/57568460/original.jpg

 

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