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Dime cómo respiras y te diré cómo te sientes

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 Dime cómo respiras y te diré cómo te sientes

 Gaby Vargas

A la pregunta «¿Qué es en realidad lo que poseo?», los sufíes responden sin titubeos: «Lo único que tienes es aquello que no perderías en un naufragio; posees sólo una riqueza de la vida que no para nunca: la inhalación que entregas a la exhalación y la exhalación que entregas a la inhalación».

Gracias a la respiración, un regalo que con frecuencia damos por hecho, la vida en este plano existencial es posible. Cada célula de nuestro organismo depende de ella para sobrevivir y estar sana. De la misma manera, la mente depende de la inspiración para fortalecerse, crear, crecer y actuar.

Por eso, no sólo la inspiración y la respiración se hermanan al ser una el reflejo de la otra, sino que nos dan la llave para un gran secreto: al dominar la respiración, dominamos la mente e incrementamos la inspiración, el entusiasmo y la vitalidad. Sí: tu vitalidad es un reflejo del nivel de inspiración, así como la respiración física es un reflejo de tu estado mental.

Observa que cuando inhalas corto y exhalas largo muestras un estado de melancolía o añoranza, como no queriendo dejar ir el pasado. En cambio, cuando inhalas largo y exhalas corto, demuestras ánimo, orgullo y exaltación. ¿Lo has notado?

 Cuando la inhalación y la exhalación son rítmicas y balanceadas la mente está clara y tranquila, nos sentimos centrados, en un estado de armonía y serenidad. Cuando dejamos de pensar, por ejemplo al meditar, y nos conectamos con nuestra luz interior, la respiración se vuelve casi imperceptible. Además, cuando es equilibrada genera poder y vitalidad, y facilita que el cuerpo sane. La práctica de la serenidad cotidiana llama a nuestra alma a ubicarse en el momento; eso es la conciencia.

Cuando en la vida tenemos una gran tristeza, no hay lugar para la inspiración, así que los órganos que lo reflejan, enfermando, son los pulmones, nuestra fuente física de respiración.

 De la misma manera, si la respiración se acelera, por ejemplo al practicar algún ejercicio cardiovascular, se estimula la inspiración mental, lo cual ayuda a evadir la depresión. Controlar la respiración calla el ruido del cerebro y crea paz interna y serenidad. Eso sin mencionar que el oxígeno que inhalas provee de energía a cada una de tus células para que funcionen mejor.

 ¿Qué nos abre a la inspiración?

 Agradecer. Cuando agradeces de corazón, éste se abre a los mensajes del alma y te vuelves receptivo. Es por eso que la gratitud es la puerta a la inspiración. Agradece a la vida por lo que tienes y por lo que eres, agradécete a ti mismo todo lo que haces por ti, agradece a tu pareja, a tu trabajo, agradece tu salud; agradece por todo.

Practica ciclos de respiración completos. Haz ejercicio. Inhala profunda y rítmicamente varias veces al día de manera consciente; este es un regalo que le das a tus pulmones, a tu mente y a tu bienestar de manera inmediata. Puedes hacerlo de la siguiente manera:

 1.   Exhala por la nariz y contrae el estómago por completo.

 2.   Inhala lentamente por la nariz, expande el abdomen y después el pecho hasta llenar el hueco de las clavículas a la altura de los hombros.

 3.   Sostén por unos segundos.

 4.   Exhala en una acción invertida, relaja los hombros y el pecho, y contrae el vientre.

 5.   Repite este patrón lentamente y aumenta la velocidad cada vez más, hasta que sientas que la cara se sonroja; luego regresa de nuevo a respirar lentamente hasta que el cuello se relaje y la mente se estabilice.

 Sé perceptivo de tu estado y pregúntate: «¿Cómo me siento?» Usa el observador interno y préstale atención a tu respiración. Siempre es un reflejo de cómo te sientes.

 

 

 

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