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Cuando una joya aparece

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La joya aparece en medio de dos personas como si se tratara de un holograma multicolor. No es fácil que suceda, pero cuando lo hace el momento se vuelve valioso y trascendente. Al principio se muestra temerosa de formarse, mas si se siente segura lo hará con todo su esplendor. Dicha joya surge del corazón de la persona que habla con el alma: es un brillante hermoso.

Quien escucha debe ser extra cuidadoso y sensible con esa joya, porque puede esfumarse tan rápido como se formó. Basta una mirada distraída, una palabra inoportuna, un gesto, para que el brillante ¡fum!, desaparezca en un instante. Esa joya es el regalo que alguien nos da cuando tiene el valor de abrirse, de meter el espejo al corazón y compartirnos lo que encuentra. Asunto nada fácil, ya que se requiere de conciencia, valentía y honestidad para hacerlo.

Escuchar al otro no sólo le hace bien a quien habla, sino también al escucha. Además de ser un gran acto de generosidad, que por sí mismo nos hace sentir bien, es uno de los grandes secretos de las personas que tienen relaciones exitosas en todos los ámbitos. Si bien esta habilidad se les da de forma natural a algunas personas, otras tenemos —o debemos, diría yo— que desarrollarla. Todos salen ganando.

 

Algunos consejos:

Antes que nada, ten en cuenta que cuando una persona se abre, por lo general no busca consejo, sólo necesita sentirse escuchada.

Haz la prueba y practica sólo uno de los siguientes puntos a la vez, para que te des cuenta de cuánto impacta positivamente en tus relaciones.

 

1. Siéntate de frente a la persona y descruza brazos y piernas, para que físicamente te abras a escuchar. Dispón tu mente en el modo de “no juzgar”, sólo escucha con el corazón.

2. Al escuchar, considera la melodía que acompaña las palabras; es decir, detecta si lo que expresa la persona son sentimientos, opiniones o hechos.

3. La mejor manera de que la persona se sienta escuchada es responder primero a la melodía, es decir, a los sentimientos. Por ejemplo, si un niña dice a media noche: “Tengo miedo porque hay monstruos debajo de mi cama”, la respuesta adecuada sería: “Estás

teniendo muchas pesadillas, ¿verdad?”, en lugar de: “No existen los monstruos hija, no te preocupes, vete a dormir”.

4. Permite los silencios cuando no sepas qué decir, deja que se establezcan. No trates de llenarlos apresuradamente con palabrería. Sólo asiente con la cabeza y conéctate empáticamente con los sentimientos de la otra persona; lo percibirá de inmediato y te lo agradecerá.

5. Para que alguien sienta que recibes el mensaje, conviene hacer algún tipo de sonido del tipo: “Mmm”, “ajá” y demás. Recuerda mantenerte en el modo de “no juzgar”, sólo escucha. Esto puede darte tiempo para responder de manera sensible y empática.

6. Escucha el doble de lo que hablas. Dale todos los reflectores al otro y concéntrate en lo que expresa, no en lo que vas a responder cuando termine de hablar.

7. Percibe el metalenguaje, es decir, cuál es el fondo de lo que te comparte. En él puedes detectar muchas cosas sobre quien habla: sus fortalezas, sentimientos, valores fundamentales, debilidades, en fin…

8. Usa respuestas cortas cuando alguien te comparta algo muy importante o íntimo; si usas respuestas largas, la persona se puede impacientar y desconectarse del momento y de lo que te compartía.

9. Una gran forma de responder y que la persona se sienta escuchada es usar una metáfora.

10. Recuerda que escuchar con el corazón es más importante y valioso que la mejor respuesta de psicólogo barato que puedas dar.

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