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¿Masaje para las emociones?

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Con un poco de ansiedad esperaba acostada sobre la camilla. El terapeuta entró a la cabina para darme un masaje. Pero no se trataba de un masaje para bajar de peso o de uno relajante. Como parte de un paquete de desintoxicación en una clínica, se incluía un masaje emocional. “¿Cómo será el masaje de las emociones?”, me pregunté.

         El terapeuta empezó a manipular mis brazos y, sin más, se concentró en un punto del antebrazo, el cual me dolía cuando hacía presión. Entonces me preguntó sobre algún problema o pérdida de un ser querido masculino lo que intuyó debido al sitio del cuerpo en que se encontraba el dolor. Al instante me vino a la mente mi padre, quien falleció hace cuatro años y con el que tuve una relación muy estrecha.

         Para mi asombro, las lágrimas comenzaron a surgir sin avisar o pedir permiso. ¿Cómo podía llorar con un señor que ni conocía y que había comenzado a darme el masaje hacía sólo cinco minutos? Mi parte racional interrumpía el desahogo. Sin soltar el punto de dolor, la voz del terapeuta lanzó otra pregunta: “¿Se pudo despedir de él al fallecer?” Y el llanto se volvió incontrolable. Cuando mi padre murió me encontraba de viaje, así que llegué a la mañana siguiente a darle un beso cuando ya había muerto.

Pero el tema que quiero tocar no es mi padre, sino otro: la fascia. ¿Por qué la fascia? Por la relación que hay entre cuerpo y mente, y los efectos que los patrones mentales pueden tener en el cuerpo vía la bioquímica. Sin duda, el cuerpo es un refugio para las emociones, tensiones, sentimientos y gozos. Resulta que cada parte de nuestro cuerpo esta recubierta por la fascia.

 ¿Qué es la fascia y cómo se relaciona con las emociones?

 Se trata de una membrana delgada, un tejido conectivo que recubre todos los músculos, huesos, tendones, órganos y células del cuerpo y que conecta todo con todo. Es lo que nos mantiene en pie, y a cada órgano en su lugar. De hecho, en ella reside el secreto de un buen porte, incide en el tono muscular, ayuda a liberar energía, a drenar y a eliminar los desechos a través de la linfa.

Antes se pensaba que esta membrana era un órgano pasivo, sin embargo hoy se sabe que está compuesta por colágeno, elastina, diferentes células y agua, por lo que sirve como lubricante, pues permite que los paquetes musculares se deslicen unos sobre otros sin lastimarse.

La fascia también conduce electricidad a través de las moléculas de agua que están encima de las de colágeno, y que actúan como cristales líquidos que reciben y envían energía e información. Se tensa, contrae y acorta al acumular y enterrar emociones, recuerdos y traumas del pasado. Se puede volver densa y rígida como resultado de daños físicos o cicatrices causadas por estrés físico, emocional y mental.

La buena noticia es que esa energía atrapada se puede liberar a través de estiramientos, la práctica de yoga y la estimulación de los meridianos, ya sea con acupuntura o masajes: para los masajistas o instructores de yoga no es extraño que sus pacientes y alumnos se suelten a llorar a mitad del tratamiento o la clase.

Ahora imagina un algodón de azúcar esponjado. Para comerlo tomas un pequeño pedazo entre tus dedos y lo separas del resto. Eso mismo sucede con tu fascia cuando estiras tu cuerpo o te dan un masaje especial. Dicha separación libera la energía atrapada, y si lo haces de manera regular mantienes el flujo de la energía. Incluso un simple masaje de pies puede relajar y rejuvenecer todo tu cuerpo.

Por lo pronto, es un hecho que salí del masaje emocional más ligera y liberada.

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