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Las verdaderas heroínas

Fecha 2015-12-17 00:00:00

La imagen del ultrasonido de la bebé en gestación me recordó el milagro de la vida. Márgara, mi querida amiga, nos presume la foto. La bebé duerme plácidamente en una dimensión distinta de la nuestra. Es imposible no asombrarse al ver la carita que a penas se forma y ya se perfila perfecta. Mirarla convence hasta al más incrédulo sobre la inteligencia superior que dirige las millones de células que desde muy temprano saben a dónde ir y qué hacer, como si lo hubieran ensayado antes.

Cada día me convenzo más de que los héroes o las heroínas de las historias, las pantallas o los cuentos son los que viven dentro de nosotros, y luchan segundo a segundo de manera anónima para mantener un equilibrio y sobrevivir, aun a pesar de todo lo que hacemos por desequilibrarlas. Me refiero a las microscópicas y nunca recordadas células.

Esta comunidad de millones y millones de elementos posee una inteligencia asombrosa. Trabaja sin descanso para formar, adaptarse, cuidar, distribuir y almacenar el alimento para cuidar el órgano que crean según sus propias funciones. Todo esto a pesar de que a veces no somos los mejores ni más puntuales proveedores de nutrientes. Por si fuera poco, sincronizan la comunicación necesaria para que se den las reacciones químicas que mantienen en balance a los órganos, como el corazón, el cerebro y el hígado, entre otros.

Considera además, que todo lo que piensas, sientes, imaginas, sueñas o recuerdas, estimula o inhibe la producción de sustancias químicas; mantiene el funcionamiento óptimo y armónico de las células; o, por el contrario, las desestabiliza por completo, lo que incrementa su reto de mantener a tu cuerpo en homeostasis. ¡En verdad son increíbles!

En el libro Super Genes, de los doctores Deepack Chopra y Rudolph E. Tanzi, encontré cualidades asombrosas de las células y quiero compartirlo contigo.

Las células:

Tienen conciencia. Siempre están conscientes de su medio para recibir y responder de inmediato a las señales bioquímicas externas que, por cierto, pueden variar de un segundo a otro.

Se comunican. Una célula se mantiene en contacto con otras células. A la menor señal de que sea necesario, intercambian mensajes bioquímicos y eléctricos con sus colegas más lejanos.

Son eficientes. Las células se esfuerzan en hacer más con menos. Funcionan con el menor gasto de energía posible.

Unen y conectan. Al crear un órgano o tejido se vuelven compañeras inseparables. Y no obstante que las células de cada órgano viven su propia vida, ven por sus propios intereses y experimentan cosas distintas, se mantienen conectadas a su fuente.

Dan. El intercambio químico en el cuerpo implica un constante dar y recibir, y las células son el mejor ejemplo. Para ellas recibir sin dar no es una opción.

Son creativas y nobles. Puedes comer algo que nunca habías probado, pensar cosas que nunca habías pensado o bailar de manera novedosa; tus células siempre se adaptarán.

Son tolerantes y receptivas. Las células se reconocen unas a otras como iguales en importancia. A pesar de ser interdependientes, respetan la función que cada una tiene. Ninguna busca controlar a otra.

Sin embargo, si nuestro estilo de vida no es sano, se pueden rebelar y crear un tumor canceroso o amenazar la supervivencia y armonía de todas.

Hoy quiero reconocerlas y agradecerles su gran trabajo. Y concluyo que tenemos mucho que aprender de ellas y que, a pesar de la inteligencia y heroicidad de nuestras células, siempre requerirán de nuestra ayuda para hacer posible el milagro de la vida.

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