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Conéctate

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Conéctate

 

Gaby Vargas

 

Caminas por la calle junto con otros transeúntes en el vértigo que trae un día en medio de la gran ciudad. Miradas ausentes, cada cual en su propio mundo de quehaceres y pendientes; sin embargo, en un instante la mirada de un otro y la tuya se encuentran. Algo sucede, algo de esa mirada te penetra, te toca y sabes que a el otro también lo tocó. Cada cual sigue su rumbo; de inmediato te vuelves a ausentar victima de la inmediatez, y de las varias cosas que realizas a la vez, sin embargo esa sensación de haberte conectado por un instante, de extraña manera te nutre. ¿Te ha sucedido?

 

Conectarte es esa energía imperceptible que se crea cuando te sientes visto, escuchado y valorado; cuando sientes que das y recibes sin juicios. O bien, entras en sintonía cuando experimentas esos momentos de paz, de claridad, que se dan sin razón alguna,  al caminar en la naturaleza, ver un amanecer, en el extremo dolor, o en un encuentro amoroso;  sientes que te conectas con una presencia interior que te dice que todo está bien y del que te surge un gracias del corazón.  Esa energía nutre, fortalece, te hace sentir bien, como un regreso a casa; es por eso que te inspira a buscar de nuevo conectarte. Lo necesitamos, tanto como el alimento.

 

Estamos hechos para conectarnos. Hombres y mujeres, adultos y niños lo necesitamos por igual. Esa necesidad básica de comunicarnos, de sentirnos aceptados, de pertenecer y de sabernos valiosos, es lo que nos motiva a vivir.  Es nuestra naturaleza.  Cada vez que estoy consciente del momento presente atraigo esa conciencia, como establecer un cordón, un contacto con algo mayor a mí mismo. Desde que el bebé nace, busca esa conexión física, emocional, espiritual  e intelectual con el otro, y durará para siempre.

 

Daniel Goleman, en su libro Social Intelligence: the new Science of Human Relationships, explora cómo los últimos descubrimientos en biología y neurociencias, confirman que estamos hechos para conectarnos y cómo nuestras relaciones perfilan nuestra vida. “Aún nuestros encuentros más rutinarios actúan como reguladores en nuestro cerebro, principalmente nuestras emociones, algunas deseables, otras no. Entre más fuerte estemos conectados emocionalmente con el otro, mayor la mutua fortaleza”.

 

Una característica de los que nos tocó vivir en este tiempo, es que sabemos mucho del mundo pero no sabemos nada de nosotros mismos. Hay un desequilibrio entre la atención volcada hacia  afuera, como si tuviéramos cada célula del ser conectada con un hilito que requiere atender lo urgente, lo inmediato. Ese reclamo constante, acelera, genera ansiedad, estrés, y con frecuencia ni cuenta nos damos, hasta que un día el cuerpo protesta.

 

Lo que tengo que hacer para conectarme es tan sencillo, que nos cuesta, porque tenemos mentes muy complicadas llenas de ruidos y cosas circulando.  Al estar consciente del presente entro a un campo de serenidad, aquí y ahora; respiro profundo y estoy aquí, conmigo, contigo y con ese poder superior que es el mejor momento que la vida me ofrece.

 

Cuando surge algo fuerte, fuera de nuestro control que amenaza nuestra paz, o bien nuestros propios temores o inseguridades nos atacan; la forma más rápida y efectiva para salir de ellos es conectarte en  alguno de los tres planos: contigo mismo, con el otro, o con un poder superior. Además  estoy convencida de que de esta manera no hay problema que no encuentre alivio o solución; y mucho más sano y efectivo  que recurrir a los antidepresivos o algún tipo de droga que anestesie las emociones. 

 

 

Foto: https://paragenteinteligente.files.wordpress.com/2013/06/union.jpg

 

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