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Cuando yo cambio, cambia todo

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Cuando yo cambio, cambia todo

 

Gaby Vargas

 

Apenas regreso de un curso intensivo con Marianne Williamson en Los Ángeles, California, sobre un tema que siempre había llamado mi atención por la cantidad de veces que leí al respecto y escuché mencionarlo por distintos autores con la referencia de que tomarlo les cambió la vida. Se trata del “Curso de milagros”.

 

Mientras atendía el seminario, tenía la sensación de asomarme a un abismo. Entre todos los cientos de conceptos que aprendí –más bien, que trato todavía de asimilar–, hubo uno en especial que me pareció muy poderoso porque nos lleva a vivir en el cielo o en el infierno: El poder de decisión.  ¿Cuáles son sus características? Tal y como sucede en un truco de ilusión óptica, en nuestra vida todo depende de la percepción.

 

La percepción es como la vista: engaña, tima y falsifica. El mismo principio se aplica a nuestras relaciones. Estar o no cada día, cada hora, cada instante en el cielo o en el infierno es una opción y una realidad personal.

 

Me explico: todos hemos estado frente a enigmáticas imágenes de ilusión óptica. Quizá la más conocida es aquella en que con sólo cambiar un switch interno que modifica la percepción, podemos ver el perfil de una joven o la cara de una anciana. Lo cual se debe a un maravilloso y complicado trabajo de interpretación que se lleva a cabo no en la vista, sino en el cerebro, gracias a la información que la retina recibe y envía a nuestra computadora central para ser resuelta de inmediato.

 

¿Por qué sucede una ilusión óptica?

 

De acuerdo con Al Sekel, autor de The Great Book of Optical Illusion se debe a alguno o a varios de los siguientes factores:

 

 

 

· Poca información en la imagen para resolver la ambigüedad.

 

· La imagen viola un límite de lo percibido como “normal”.

 

· Dos o más limitantes diferentes están en conflicto y la escena se puede interpretar de varias formas.

 

Una ilusión óptica no sólo sucede a nivel visual, sino en el de la vida cotidiana y nuestras relaciones con otras personas. La poca o ambigua información sobre alguien, el que algo –a nuestro parecer– viole el “código del deber ser”, es suficiente para crear una distorsión en nuestra percepción del observado.

 

Tajantes para juzgar como somos, damos por sentado sin posibilidad de duda, que una persona es de determinada manera; no importa si se trata de un familiar, un amigo, un compañero de trabajo o una pareja; la mandamos al cielo o al infierno y ahí la dejamos. Independientemente de la realidad, en nuestro imaginario convivimos con la idea que nos formamos, más que con la persona misma.  

 

Sólo que ojo, como la Ley de la causa y el efecto impera a cada momento, resulta que cada pensamiento tiene un impacto bioquímico y emocional, ya sea positivo o negativo, en nuestro cuerpo y en nuestra mente. Además, las emociones suelen espejearse, es decir, lo que pienso de ti, lo pienso de mí; lo que te hago, lo experimento; si te amo, me amo y si te ataco, me siento atacada; generalmente, lo que no he dado es precisamente lo que siento que falta.

 

Sólo cuando en tu interior tomas la decisión de cambiar ese switch, decides ver la parte de luz que todos tenemos y te abres a la posibilidad del amor y la compasión; entonces sucede un fenómeno inexplicable: la otra persona de inmediato baja la guardia también. Eso es lo que el Curso de milagros, llama un milagro. La buena intención no es suficiente, tenemos que decidir ver las cosas de manera diferente.

 

Por qué no intentarlo, ponerlo en práctica de corazón para comprobar el motivo por el cual el Curso de milagros le ha cambiado la vida a tanta gente. Cuando yo cambio, cambia todo.

 

 

 

Foto: https://psicologacarmenberzosa.files.wordpress.com/2012/07/optimismo_pesimismo_psicologia_del_cambio.jpg

 

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