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La pobreza en la abundancia

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La pobreza en la abundancia

Gaby Vargas

Un café hasta hace pocos años, era sólo un café. Al pedirlo, no había más opciones que con leche o sin leche. En cambio hora puedes escoger si lo quieres suave, mediano, robusto o con sabor caramelo, moca, vainilla o canela; puedes pensar si se te antoja un capuchino, un frapuchino, un maquiato[T1] , misto, americano, latte o expreso, que tenga doble carga o sea descafeinado; frío, con hielo o caliente, con menta o con chocolate blanco. Además, puedes decidir entre las diversas opciones de tamaño, envases o tipos de azúcar que el mercado ofrece.

En ninguna otra época de la historia de la humanidad las personas habíamos tenido tantas opciones y ofertas, no sólo en cuanto a esta bebida estimulante y deliciosa, sino de cualquier otro tipo de producto: canales de televisión, refrescos, computadoras, marcas de ropa y demás.

La razón de que las opciones se multipliquen es la búsqueda de la riqueza, pero también de la felicidad. La pregunta pertinente es: “¿Por qué a pesar de todas estas opciones no somos más felices que antes?”. Las investigaciones sobre el bienestar muestran que no sólo no somos más felices, sino que los índices de insatisfacción se han elevado. Lo anterior se comprueba al ver las cifras mundiales de depresión, consumo de drogas y suicidios.

Con esta información podemos concluir que los bienes materiales no aumentan el nivel de felicidad de una persona. La felicidad no se puede comprar. Punto. ¿Cuánto nos dura el placer de haber comprado algo anhelado por mucho tiempo? ¿Cuánto tiempo nos toma adaptarnos a ese nuevo elemento en nuestra vida? No importa si se trata de un dulce, un anillo, una prenda, un coche o una casa.

Según investigaciones en psicología, este sentimiento constante de necesidad e incompletud, así como la consecuente búsqueda de satisfacción, se debe al “principio de adaptación”. Es decir, los humanos tenemos una gran capacidad para adaptarnos a nuevas circunstancias, sean éstas placenteras o incómodas, lo cual es bueno porque nos vuelve activos, pero puede ser malo si no sabemos cuándo detenernos.

La única manera de evitar adaptarte a la satisfacción es estar consciente de lo afortunado que eres y agradecer por ello.

Todo mercadólogo sabe que el deseo de adquirir un bien material se alimenta de la creencia de que “carecemos de algo” para ser aceptados por los demás o para ser totalmente felices. Recordemos aquella frase: “Gozamos poco por lo mucho que tenemos y sufrimos mucho por lo poco que nos falta”.

De acuerdo con una serie de estudios, cuando una persona joven llega a la edad de 21 años, habrá visto un millón de comerciales en la tele. Considerando esta cifra, podemos imaginar el poder de los mercadólogos que juegan con nuestros temores y deseos.

Compararnos con alguien que según ciertos estándares o apariencias se encuentra mejor o tiene más que nosotros conlleva un sentimiento de inferioridad y frustración. El resultado, de acuerdo con varios psicólogos, es un consumismo que genera ingratitud. Es decir, la persona percibe su vida incompleta, aburrida y pobre. Incluso las relaciones se ven amenazadas. Los niños ven a sus papás poco cool; los adolescentes compran la idea de que su valía personal radica en usar tal o cual marca. Los hombres, ante el desfile de mujeres con cuerpazos que trasminan sexualidad, pueden ver menos atractivas a sus parejas.

Una forma de protegernos de la manipulación es hacernos y hacer conscientes a nuestros hijos de que todo eso no es la verdadera felicidad.

La única forma de lograr la felicidad es vivir el presente.  Reconocernos valiosos por naturaleza. Darnos cuenta de lo reducida que es la lista de lo realmente importante. Y, en especial, agradecer: agradecer a Dios, a la vida, a la pareja por la infinidad de bendiciones que tenemos. Esto sí es una forma de enriquecernos. ¿De qué sirve tener muchos bienes y no estar satisfechos? El ego, que nos hacer perseguir lo que no tenemos, no se puede satisfacer jamás, hacerle caso es vivir la pobreza en la abundancia.

Foto: http://1.bp.blogspot.com/_BKyNTT4fMKo/TDO-tMRx4kI/AAAAAAAAAtc/1WY9vbAzPHw/s1600/no+eres+lo+que+vistes.jpg

 

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