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La magia de confiar

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La magia de confiar

Gaby Vargas

Es uno de los misterios de la vida: Cuando alguien confía en ti, los milagros suceden.

“Pero, ¿cómo que mi July sacó cinco de calificación en matemáticas? ¡No puede ser! seguro se equivocó la maestra; si mi July es muy inteligente”. Tenía ocho años cuando mi papá todavía incrédulo revisó la portada de la boleta para verificar que fueran mías, me platica July. “No te preocupes mija”, le dijo su papá, “estoy seguro que es un error y que para el mes que viene, todo se va a arreglar”. Las firmó y la abrazó. Según me cuenta, salió de ahí con una loza en la espalda; no podía fallar.

 Hoy, esa Julia Borbolla que nos comparte su experiencia de cuando era niña, es una de las psicólogas más reconocidas del país con proyectos que cambian la vida a miles de niños a nivel nacional. Si bien ha sido gracias a su enorme dedicación y esfuerzo, estoy segura que ese voto de confianza sembró la semilla de saberse capaz. Vaya cosa. Sin este elemento, simplemente deambulamos en estado zombi por el mundo cargando una piedra de potencial.

Cuando alguien te entrega su absoluta confianza con los ojos cerrados, simplemente saca lo mejor de ti, te reafirma; te permite ver capacidades en ti que ni tú mismo conocías. Como si la persona te diera un par de alas para ser como en realidad quieres o sueñas ser.

Además, el beneficio es mutuo: si te elevo, me elevo como persona y se crea una cadena. Dar y recibir confianza te permite abrirte a la vulnerabilidad, lo que significa tener fe en que el otro no te hará daño.

La confianza es sagrada, no hay relación que sobreviva sin ella. Sin embargo, el misterio tira en ambas direcciones, porque si en lugar de regalar confianza a la relación, demuestras desconfianza, avientas al otro al vacío. Sólo que ojo, porque el impulso te arrastra a ti también, como si amarraras su pie y el tuyo a una misma cuerda. Aprendes a autodevaluarte y a sentir más miedo y desconfianza no sólo de la persona, sino de la vida misma. Recuerda que las profecías suelen cumplirse: “A pesar de que le he demostrado mi fidelidad, sigo siendo objeto de desconfianza constante. ¿Entonces para qué esforzarme?” Así, lo que más temías se vuelve realidad.

En cada relación, no importa si es con un niño o un adulto, enseñamos ya sea el miedo o el amor. La confianza es un derivado del amor, es el pilar de la autoestima y el pegamento de cualquier relación, tanto en la vida de pareja, como entre padre e hijo, entre amigos o hermanos aún en las situaciones más adversas o retadoras.

No hay terreno intermedio

En una relación o contribuyes o contaminas. Si como pareja decidimos comprometernos con el otro, construimos ladrillo a ladrillo la confianza mutua. Es la congruencia la que genera confianza y con ella, la relación se convierte en un edén. Es por eso que mi integridad, integra; cada acto o palabra, tienen que estar alineados con esa decisión. [T1] Cuando hay congruencia entre lo que se piensa, se hace y se dice, la integridad engendra una hija llamada “credibilidad”. Y en la relación de pareja, no hay nada más honroso y comprometedor que saberse depositario de ella.

Por el contrario, mi falta de integridad, desintegra no sólo mi relación de pareja, sino a una familia, a una empresa o a un país. Sin la mutua confianza, al primer vendaval la relación se tambalea o se quiebra; sin contar que cuando uno de los dos desconfía del otro, cambia el balance de la ecuación completa.

Para exigir confianza hay que ser confiable. Sólo tú eres responsable de lo que haces y eres causa de ti mismo. Por todo esto es tan importante que si tienes hijos, les hagas saber que confías por completo en ellos.

 

Foto: http://www.donbosco.es/universojoven/image/ocio%20familiar%201.jpg

 

 

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