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El abrazo que asfixia

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El abrazo que asfixia

Gaby Vargas

“Nos vemos a su regreso, si es que regresan…”, sentenció la abubilla (una hermosa ave de pico largo) a los pájaros que decidieron emprender el camino en busca del Simurg, el ave suprema, para pedirle que fuera su líder. “Esta ave soberana –contó la abubilla– habita en la montaña Kaf, en cuyo centro, sobre la copa del árbol más grande, encontrarán el nido del Simurg (el Simurg, en el misticismo sufí, es una metáfora de Dios). En dicha tarea –siguió la abubilla–, tendrán que participar representantes de todas las especies del mundo. Sólo que ya lo saben: quienes han ido antes en su búsqueda, no han regresado”.

Las aves que decidieron emprender el camino después de aquilatar lo que dejaban atrás, atravesaron por seis valles peligrosos: el valle del amor, el valle del conocimiento, el valle de la independencia, el valle de la unidad, el valle del asombro y el valle de la muerte.

Muchas de las millones de aves desertaron ante las dificultades del camino; sólo treinta de ellas llegaron al gran Simurg. Después de encontrarse con él, salieron maravilladas por su  sabiduría; pero, al poco tiempo, al intercambiar sus impresiones, se percataron de que cada quien había escuchado un discurso diferente. Con ello se les reveló que cada ave había escuchado lo que necesitaba para encontrarse a sí misma y dar respuesta a sus propias inquietudes.

Como su piar cambió debido a la experiencia, a su regreso nadie las reconoció ni las comprendió; por lo que decidieron transmitir su conocimiento al hombre. Desafortunadamente los hombres tampoco hemos comprendido el lenguaje de los pájaros. La enseñanza fundamental, sin embargo, es que la respuesta a lo que siempre hemos buscado, está dentro de nosotros.

Este poema escrito a fines del siglo xii por uno de los maestros sufíes más sabios, Farid ud-Din Attar, se titula Conferencia de los pájaros. Al escuchar la narración de mi maestro Enrique Bonavides, me asaltó la duda de la razón por la que el valle del amor es considerado uno de los más peligrosos.

Su respuesta a esa interrogante es muy sencilla: “El amor puede convertirse en un impedimento para que[T1]  crecer. Un abrazo muy fuerte puede asfixiar al ser amado. Cuando en el amor, la pareja se abraza de manera absoluta, ya ninguno de los dos puede volar”. Nunca lo había visto de esta manera.

En este relato, el poeta iraní nos quiere mostrar que el deseo por el otro causa que muchas de las aves renuncien a su propia búsqueda y decidan quedarse con el estímulo inmediato. Así, el amor se plantea como un egoísmo absoluto entre dos, cuyo intenso fuego logra que ambas aves se incineren a sí mismas.

Este tipo de relación no habla de respeto y genuino amor, sino de deseo, manipulación y dominación. Debajo del control, siempre hay miedo: miedo a perder, a fracasar, a salir herido. Demasiado control te desconecta de tu ser, bloquea la camaradería e impide la sinergia producida por el dar y el recibir, que es lo que hace gozosa una relación sentimental.

¿Cómo saber si aplicas un control enfermizo? Muy sencillo. Lo haces si tu vida en pareja no funciona, no fluye, no hay gozo ni abundancia, si te sientes detenido, paralizado o con una gran carga. De manera contraria, la recompensa por dejar ser, soltar y liberar al otro, es que reirás más, te comunicarás mejor, encontrarás felicidad, liberación y crecimiento. De tal manera que si te desprendes y vuelas lejos, como los pájaros que se encontraron a sí mismos en la distancia, al volver de tu viaje quizá ni tu propia pareja te reconozca debido a tu enorme transformación.

Foto: http://farm2.staticflickr.com/1261/977021418_4f4e7b9636.jpg

 

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