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El cariño rejuvenece.

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Gaby Vargas

¿Sabías que sentir amor, cariño o esa emoción que proporciona proteger a alguien o algo te rejuvenece y te da salud y vitalidad, y que además los beneficios son medibles? ¿Y sabías que, por el contrario, no tener esta gama de emociones le resta sentido a la vida y puede generar depresión, enfermedad y envejecimiento prematuro ya que el cuerpo, en este último caso, literalmente no tiene motivos para regenerarse?

         Cuando por las venas de una persona circula la renovadora energía del amor, de inmediato se nota en su andar, en el aprecio que tiene por la vida, en su tono de voz y en el brillo de sus ojos. Además, en el organismo aumentan los niveles de inmunoglobulina A (IgA), un anticuerpo que se encuentra en la saliva, las lágrimas y en otras secreciones. Esta proteína es nuestra primera línea de defensa en contra de patógenos invasores y una manera importante de medir la salud de nuestro sistema inmunológico.

         Lo anterior es válido aun si el cariño se dirige a una mascota, un tipo de afecto que comprendemos bien quienes amamos a los animales. Por ejemplo, un grupo de investigadores de las universidades de Pennsylvania y Maryland encontraron que a un año de haber sido hospitalizados por enfermedades cardiacas, el promedio de mortalidad entre los pacientes que poseían una mascota era de una tercera parte en relación con aquellos que no tenían una.  

Por otra parte, en 1980, el psicólogo David McClelland de la Universidad de Harvard mostró a un grupo de personas un video que lograba contagiar el cariño y compasión por los enfermos de la Madre Teresa de Calcuta. Después de haberlo visto, se midieron los niveles de IgA de los espectadores y se encontró un alza inmediata. Es decir, sentir compasión y cariño tuvo un efecto medible en su sistema inmunológico.

Posteriormente, los investigadores del HeartMath Institute, dirigidos por el doctor Rollin McCraty, replicaron el experimento para comprobar si esto mismo sucedía al autogenerar emociones de cariño y compasión —sin ningún estímulo externo que las provocara—. Los resultados fueron asombrosos: los niveles de IgA en los participantes se elevaron 41 por ciento en promedio. Después de una hora, los niveles regresaron a números normales, mas en las siguientes seis horas continuaron elevándose lentamente. McCraty y su equipo también demostraron que autogenerar emociones de cariño durante cinco minutos provoca que los niveles de IgA se eleven más que al ver un video de la Madre Teresa.

Una semana después —como se narra en el libro The HeartMath Solution—, a los mismos participantes se les pidió que durante cinco minutos recrearan en su mente, de la mejor manera posible, la sensación de enojo o rabia provocada por algún suceso desagradable en su vida, y nuevamente midieron sus niveles de IgA.

Con el enojo, de inmediato hubo un incremento de 18 por ciento, pero una hora después los niveles de IgA cayeron muy por debajo del nivel en el que estaban cuando comenzaron la prueba. Seis horas después, los pacientes todavía no regresaban a sus niveles normales de anticuerpos. Esto significa que bastan cinco minutos de enojo para que la eficiencia de nuestro sistema inmunológico se dañe por más de ¡seis horas! ¿No es increíble? Al cuerpo le cuesta mucho trabajo recuperar el balance una vez que el enojo se dispara.

La invitación es a sentir y enfocarnos de manera consciente en las emociones de amor, cariño y protección hacia los seres humanos o hacia los animales. El poder que tienen estos sentimientos para reforzar significativamente nuestro sistema inmunológico, rejuvenecernos y darnos salud y vitalidad es increíble. La receta es fácil, ¿no?

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