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Piensa bien y acertarás

Fecha 2016-05-26 00:00:00

Hay personas que al entrar a un lugar lo iluminan y las sonrisas los reciben, ¿cómo le hacen, cuál es el secreto?

 Aquí, el mito más antiguo que se conoce de las culturas mediterráneas que lo ilustra:

El mito de Orfeo

Orfeo, personaje con gran atractivo físico, se le considera el primer músico y autor literario que recuerda la historia. En el santuario de Delfos, asistido por los sacerdotes de Apolo, Orfeo componía con una lira. Pues, a este bello instrumento se le atribuían grandes y numerosos milagros.

         La leyenda cuenta que, al entonar Orfeo sus cantos, eran tan hermosos que los ríos detenían su curso y los peces asomaban la cabeza para oírlo. Y por los senderos en que solía pasear, los árboles torcían sus troncos e hipnotizados se inclinaban a escucharlo.  

         La historia narra que Orfeo era un gran propiciador del bien. Su intenso atractivo no sólo lo constituía su música, sino también algo más. Parecía como si de su mente emanara una especie de aroma mental tan armonioso que encantaba a todo y a todos a su paso. ¿En qué consistía este aroma mental? En algo muy sencillo y muy difícil a la vez: de su mente sólo surgían pensamientos bondadosos y de aceptación hacia todos los que lo rodeaban.

           El secreto de las relaciones humanas

En el siglo XIX, el estadounidense William W. Walter retoma la leyenda de Orfeo como metáfora y funda una corriente de pensamiento que se orienta hacia este bien pensar y bien decir de los demás, como el gran secreto de las relaciones humanas.

         Pensar bien, vendría siendo la causa, y sentirnos bien el efecto. Lo anterior lo podemos comparar con algo tan obvio como un árbol de manzanas que da manzanas.

         Formar el hábito de pensar bien es una de las mejores decisiones que podemos tomar para elevar nuestra calidad de vida. Fácil, no es. En el mundo de hoy, el “piensa mal y acertarás” lo tenemos muy tatuado en la mente. Nuestros pensamientos, por lo general, viajan con mayor facilidad hacia la interpretación negativa de las cosas o hacia las apariencias.

         Sólo que, si pienso en lo mal que está todo, en las enfermedades, en la inseguridad y en aquello que carezco, es precisamente con lo que me toparé en mi vida.

           El pensamiento siempre es causa

Te puede parecer exagerado afirmar lo que en seguida vas a leer; sin embargo, te invito a que antes de descartar la idea reflexiones un poco y recuerdes tus propias experiencias. Al saludar a una persona, tú puedes sentir, saber intuitivamente, lo que el otro piensa o ha expresado de ti. Lo mismo le sucede al otro. ¿Cierto?

         Por más que tú o la persona a la que saludas, deseen ocultar sus pensamientos, en alguna parte del cuerpo –pecho, vientre– hay una sensación negativa o positiva. Si se trata de la primera, por lo general se reprime de inmediato. Las máscaras que la sociedad exige, comienzan a desempeñar el mejor de sus papeles. Las palabras maquillan sensaciones, pero la percepción de alguna manera queda.

         Si se trata de la segunda, las sensaciones positivas van y vienen en ambos cuerpos. El beneficio no sólo es para ambos, en términos de bienestar, salud y gozo de vida; sino que éste se expande como ondas en un lago e impregna a todo lo que hace y a todos los que los rodean.

         De la misma manera, observa ¿cómo te sientes cuando criticas, cuando juzgas o cuando te quejas? Te percatarás de que no avanzas, no creces y no te sientes bien. Así que te invito a cuidar tus pensamientos. Ese es el secreto. Sólo requiere una decisión y un poco de conciencia.

Es por eso que vale la pena incorporar a nuestras vidas aquello de “piensa bien y acertarás”.

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