ARTÍCULOS

Propongo vivir para el placer

Fecha 2016-09-29 00:00:00

Una mañana Francisco López se dirigía a su banco. Ese día, la institución celebraba 100 años de existencia y, para festejarlo, decidieron que colmarían de regalos al primer cliente que entrara por la puerta. Por accidente, es a Francisco a quien le toca. Así que para su sorpresa, lo sientan, le regalan un coche, una pantalla digital, 1 millón de pesos en efectivo, entre otras cosas más que le apilan a su alrededor. La prensa le toma fotografías, lo entrevista y cuando todo termina, Francisco pregunta: “¿Ya terminaron? porque necesito llegar a mi destino” –“Sí, claro, Sr. López, ¿a dónde se dirige? –“Al departamento de quejas”. Francisco venía a quejarse del mal servicio del banco, y nada pudo disuadirlo. Nada logró que olvidara poner su queja. Así somos.

“Vivimos una humanidad quejosa”, decía Epicuro en el siglo III a. C. y qué razón tenía. Nuestro ego siempre busca ir al departamento de quejas. No importa lo que nos suceda, las mil bendiciones que gocemos; siempre estamos en búsqueda del departamento de quejas.

Cuántas veces al día, necesitaríamos decirnos: ¡Pellízcate! y date cuenta. Piensa, ¿cuánto vale el que puedas ver? ¿Que tu hijo pueda ver? Cuando despertamos, hasta respirar se vuelve una bendición.

Ante una Grecia inmiscuida en varias guerras, Epicuro decía:  

“Yo propongo vivir para el placer”, y sus contemporáneos le cuestionaban: “¿Pero, qué te queda cuando hay guerra?” A lo que él respondía: “¿Ante una crisis existencial, de qué me sirve la filosofía si no la aplico a la vida cotidiana? No sirve de nada. Y el mal siempre está y estará presente entre nosotros. No podemos vivir sin dañar. Pero, trata de vivir sin dañar o daña lo menos posible, porque si lo logras, eso te dará placer”.

Placer es el nombre que le damos a la felicidad que experimentamos a través de los sentidos. Es lo que hace un momento agradable en la vida. Y disfrutar plenamente del placer es tan benéfico y necesario como el alimento. Asimismo nos es dañino no procurarlo o negar su existencia.

El arte de vivir bien supone dos cosas: disfrutar lo agradable como saber digerir lo desagradable. La palabra sabiduría proviene de sabere, de saborear, de aprender a disfrutar. Es decir, recobrar la vida a través de los sentidos. Todos olvidamos con mayor o menor frecuencia de gozar el momento, pero hay quienes lo convierten en una forma de vida. Se olvidan de gozar, de disfrutar hasta del mismo hecho de vivir y lo podemos ver en su rostro, en su carácter, en su trabajo; son personas que les cuesta trabajo reír, viven de mal humor, con cara de indigestión permanente.

El ego es como un pozo sin fondo, es insaciable; siempre quiere más y mejor, más y mejor, más y mejor. Hacernos conscientes de esto, al menos es un primer paso. Qué admirable es ver a una persona cuyo rostro refleja paz interna, serenidad, armonía consigo misma.

 ¿No será que la razón por la que tenemos hambre de placer se debe a la falta de gratitud que tenemos hacia la vida? ¿A un vivir desconectados?

¿Desconectados a lo que nuestro cuerpo nos dice, a lo que nuestro corazón grita, a una espiritualidad capaz de darnos un sostén interno; a algo más grande y superior?

Tres beneficios del placer:

 1. Te hace sentir vivo: Cuando a través del placer de saborear la vida, disfrutas de tu fisicalidad, metabolizas tu experiencia en el mundo.

2. Te conecta: Cuando sientes ese placer profundo, dejas de sentirte separado de un todo.

3. Te da presencia: Experimentas el presente y la vida se vuelve gozosa.

Por eso, escuchemos a Epicuro:

"Lo que propongo es vivir para el placer".

Comparte

Regístrate



Ingresa tus datos

Debes ingresar un correo

Twitter



Facebook



Esta Semana



LEER MAS

CONFERENCIAS


Conéctate...

La forma más rápida de reducir el estrés mental

La mayoría de las personas desea tener un cuerpo y un cerebro sanos. Esa es la razón por la que hacemos ejercicio, tomamos vitaminas yantioxidantes, ¿...

Solo nosotros dos