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Los “charcos de placer” 1

Fecha 2016-11-03 18:20:46

¿Sabes lo que dice la ciencia acerca de cómo gastar ese dinero que tanto trabajo te cuesta ganar, de manera que te proporcione mayores réditos en términos de felicidad?

         Imagina que es tu cumpleaños y de regalo te dan a elegir entre el nuevo iPhone 7 o un día libre para que te vayas de excursión al Nevado de Toluca, ¿qué preferirías?

         Lo más probable es que tu mente te lleve a pensar que poseer algo que puedes ver, tocar, sentir y utilizar durante un largo tiempo sea la mejor opción, y que la felicidad de tenerlo te durará tanto como el objeto, ¿cierto?

         El doctor Thomas Gilovich, profesor de psicología de la Cornell University, llegó a una poderosa y contundente conclusión después de 20 años de estudio: no gastes tu dinero en cosas.

La paradoja de las posesiones es que creemos que la felicidad que proporcionan durará tanto como el objeto, sin embargo, se esfuma de inmediato. ¿Alguna vez has experimentado la emoción de haberte comprado un reloj, una prenda de vestir o lo que sea, la cual una vez que estrenas y guardas el objeto se desvanece en la oscuridad del clóset o el cajón?

Gilovich nos da tres razones por las cuales sucede lo anterior:

1. Nos acostumbramos a las nuevas posesiones. Lo que en un momento fue novedad y nos daba ilusión, rápidamente se vuelve algo cotidiano. “Uno de los enemigos de la felicidad es la adaptación”, comenta Gilovich, y agrega: “Compramos cosas para ser felices y lo logramos. Pero sólo por un rato. Las cosas nuevas nos dan ilusión, pero en seguida nos adaptamos”.

2. Elevamos la barra de manera constante. Nuevas compras nos llevan a nuevas expectativas. Una vez que nos acostumbramos a la nueva posesión, buscamos otra aún mejor. Y es así como nos inscribimos en una carrera sin fin liderada por el ego.

3. Por naturaleza tendemos a la comparación. Se aplica aquel viejo dicho de “el pasto siempre es más verde del otro lado de la barda”. Compras un nuevo coche y estás feliz hasta que el vecino se compra uno mejor. Y si de algo podemos estar seguros es de que siempre habrá alguien con –lo que sea– mejor que lo tuyo.

 La paradoja de las posesiones

Gilovich y otros investigadores, como la doctora Elizabeth Dunn de la University of British Columbia, llegaron a la conclusión de que las experiencias, tan pasajeras como son, nos proporcionan una felicidad mucho más duradera que las cosas materiales. Aquí algunas de las razones: 

1. La experiencia forma parte de nuestra identidad. Cuando te vas de este mundo ¿cuánto importa tu cuenta bancaria o la colección de relojes que tienes? En cambio, los viajes, los conciertos, los momentos entre amigos y familia, forman parte de ti, de tu identidad y te los llevas en el corazón. No cabe duda de que somos la suma de nuestras experiencias, no de nuestros objetos.

El iPhone7 no cambiará quién eres, ¿tú crees que a tu esencia le importa? En cambio, una excursión en la naturaleza, con toda la belleza que puede ofrecerte, formará parte de ti, de tu alma, por lo que es probable que sí lo haga. “Nuestras experiencias conforman una parte mucho mayor de nosotros que nuestras cosas materiales”, afirma Gilovich.

Me gusta el nombre que la doctora Dunn le da a la felicidad que proviene de las cosas: “charcos de felicidad”, porque nos emocionan un instante, pero se evaporan rápido y nos dejan deseando más.

Para finalizar, considera el valor que le darías a esos momentos de convivencia en la naturaleza ya sea en soledad o compartidos con un buen amigo o un hijo. Ese es el gran valor de los recuerdos, de la memoria, por el que habría que dedicar mayor tiempo de nuestra vida a fabricarlos más.

Continuaremos...    

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