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Todo en la vida es vibración

Fecha 2018-08-24 15:25:00

Einstein decía que todo en la vida es vibración. Cada átomo y cada molécula oscilan; por lo tanto, tienen vibraciones que se miden en frecuencias. Estamos rodeados de las ondas y frecuencias que emite el entorno.

 

Durante el siglo xx, los físicos descubrieron que la materia es en realidad energía. Los seres humanos, como un elemento más del universo, junto con los árboles, las plantas, las flores, las constelaciones, los átomos, los muebles, los animales, las piedras, incluso el mar y las montañas, el aire, los colores y los lugares, emiten energía y, por lo tanto, una frecuencia vibratoria que si bien no vemos, sí percibimos y nos afecta de manera constante.

 

Si observáramos cualquier objeto sólido con un microscopio muy potente, podríamos comprobar la estructura más ínfima de las cosas no es materia –como quizá pensábamos– sino ¡vacío! Ese vacío es energía. Y dicha energía vibra y tiene una frecuencia, ¿me sigues?

 

Somos seres eléctricos

El significado de la palabra “vibración”, tal como la usamos en la actualidad, tiene origen en los inventos del científico Nicola Tesla, quien patentó cerca de trescientas inventos y descubrió que absolutamente todo tiene frecuencia eléctrica y energía vibratoria. Somos seres eléctricos hechos de células que vibran rápidamente, cada átomo en el universo oscila a diferente velocidad. Todos nos conectamos e intercambiamos energía de manera constante. Nada está aislado de nada y nada está inmóvil.

 

         De hecho, la música, los rituales, los cantos, el sonido de los tambores, los rezos o la repetición de un mantra, la práctica de thai chi o yoga, nos ayudan a entrar en un estado vibratorio que nos facilita conectarnos con el todo.

 

         Stephen Hawking, el científico inglés, decía que “lo que ahora parecen paradojas de la física cuántica, será algo de sentido común para los hijos de nuestros hijos”. La realidad es que nos cuesta trabajo comprender lo que algunos científicos se atreven a afirmar.

 

         Los pensamientos crean emociones y las emociones son energía en movimiento, ¿de acuerdo? Este movimiento genera una vibración y esta vibración manda información, señales eléctricas que enviamos incluso a distancia. Es decir, somos una gran antena que emite y recibe constantemente vibraciones electromagnéticas.

 

Además, la salud de todos y cada uno de nuestros órganos contribuye también a nuestro nivel energético, el cual, por cierto, es medible.

 

            Cada momento del día, seamos o no conscientes de ello, emitimos vibraciones. Ya sea de amor, enojo, aceptación, rechazo; en fin, son variables, tal como lo es el estado de ánimo. Además, la energía que emanamos impacta e influye en las personas y siempre regresa a nosotros; no tengamos la menor duda, se trata de una ley universal. Esa ley es la que nos guía para cumplir o no nuestros sueños.

 

Por eso, el universo no nos da lo que queremos, sino lo que somos, lo que vibramos. Cuando cambiamos de vibración, cambiamos por completo la experiencia del mundo. Con tan solo agradecer de corazón las cosas nos conectamos con lo que hay de bueno y de bien en la vida.

 

La felicidad es un campo vibratorio, como la tristeza o la amargura también lo son; tenemos la libertad de elegir con qué conectarnos.

 

Si acaso convives con una persona cuya frecuencia vibratoria no es armónica, elévate sobre dicha frecuencia para que no te envuelva. Procura rodearte de personas cuya frecuencia te nutra, inspire y motive a imitarla.

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