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La fuerza misteriosa que nos impulsa

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Gaby Vargas

 

Pegado a mi ventana crece un helecho hermoso, de esos cuyas frondas se desenrollan poco a poco. Un día la ramita se encuentra en “posición fetal” y al día siguiente veo su rama pequeña y extendida, que poco después se convierte en una hoja enorme.

Ésa es la fuerza misteriosa que impulsa tanto la vida como los proyectos, cuando estos son por un bien mayor que comienza a operar y a cobrar empuje sin consultarnos. Así sucedió con Alivio.

No nos conocíamos. Lorena me contactó por teléfono y me invitó a tomar un café para platicar sobre un programa que dirige como directora de la Fundación Cinépolis. En dicha reunión, sin venir al caso y no sé de qué manera, surgió la locura de hacer un documental que motivara a muchas mujeres a estudiar una carrera, como una solución para romper los patrones nocivos en sus vidas y abrirles un mundo de posibilidades.

Bastó expresarlo en voz alta para que esa fuerza a la que me referí renglones arriba comenzara a operar. Nunca en la vida habíamos hecho algo similar ni teníamos la más remota idea del esfuerzo y la inversión que se requería. Comenzó con un telefonazo y la primera puerta se abrió: teníamos un capital semilla mínimo. Pero lo que más me asombra es que a partir de ahí, las personas adecuadas y generosas comenzaron a aparecer una a una.

Coincidencias, circunstancias y casualidades sin explicación se dieron durante dos años y medio, y nos dejaron con la boca abierta. Encuentros y aperturas que fueron cruciales para que este miércoles 22 de abril sea la premiere del documental Alivio, en el cual hemos trabajado mucho.

Ahora entiendo la confianza que inundaba a mi querida Carmelina, después de trabajar la vida entera a favor de los demás. Conocía muy bien el poder de esa fuerza creadora y lo que se puede lograr con ella. Es una dicha poder comprobarlo.

Siempre admiré la confianza con la que Carmelina Ortíz Monasterio dormía por las noches, aún sabiendo que al día siguiente no tendría un solo centavo para pagar la nómina de alrededor de setenta empleados.

—“Diosito, ahí te encargo, estoy haciendo esto por ti, así que a ver cómo le haces” —me contaba divertida que este era su rezo de cada mes, y lo fue durante los 35 años que dirigió apac—. Duermo muy tranquila, porque sé que de algún modo allá arriba me lo van a solucionar.

Lo increíble es que, efectivamente, al día siguiente el dinero “aparecía”. De la nada, le notificaban del banco que alguien había fallecido y dejado su herencia a apac. O bien, le avisaban que un donativo se había efectuado después de meses de trabajar para lograrlo, o lo conseguía en una cena con su esposo y amigos. Con esa fe contagiosa y envidiable todas las puertas se le abrieron siempre.

Carmelina fue una gran maestra para todos los que la conocimos. Estar junto a ella era sentir esa “protección divina”. Su decir, actuar y hacer eran una constante manifestación de fe en la bondad de las personas:

 —Mira: le haces un favor a la gente, lo que le brinda la oportunidad de dar, y se va a sentir muy bien. Además, cuando haces las cosas por un bien mayor, las cosas se dan solas.

¡Cuánto me he acordado de ella! Qué cierto es lo que decía.

Esa fuerza misteriosa que movía los proyectos de Carmelina es parte de la naturaleza y rara vez nos percatamos de ella o la valoramos.

 

La mejor noticia es que Videocine, Cinépolis y Cinemex se unieron para que los días ocho, nueve y diez de mayo haya funciones gratuitas del documental Alivio en 50 salas de cine en el país, como regalo de día de las madres. ¡Te invito a verla!

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