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Wabi-Sabi: la belleza imperfecta

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Wabi-Sabi: la belleza imperfecta

Gaby Vargas                                          

“Nada es perfecto, nada es permanente y nada está completo”, es el axioma de ésta antigua corriente estética japonesa que me dejó fascinada y nos invita a ver las cosas de manera diferente. Su filosofía: comprender que la belleza, está en la imperfección. Su nombre: “Wabi-Sabi”. Si sólo los seres humanos pudiéramos aplicarlo en nosotros mismos, seríamos simplemente más felices.

El sonido agradable y onomatopéyico de la palabra “Wabi-Sabi”, tipo tic-tac, pin-pong, din-dong, nos hace creer en un primer momento que su significado se refiere a un baile, a un ritmo de música o a algún tipo de sushi sofisticado. Nada más alejado de la realidad.

En los libros de arte definen “Wabi-Sabi” como “la belleza imperfecta”. También refiere una emoción que implica la aceptación del inevitable ciclo de la vida, lo auténtico, natural y genuino; o señala esa especie de alegría melancólica que producen los instantes en que contemplamos maravillados el desorden ordenado y fugaz de las nubes, el perfecto caos de una selva, la pátina que el tiempo le ha dado a un viejo mueble, las ramas sin follaje de un árbol en invierno que lo hacen especialmente hermoso .

En la tradición zen, por ejemplo, los objetos llamados “Wabi-Sabi” son creados con todo cuidado para ser intencionalmente imperfectos, o incompletos e impermanentes; y por lo mismo son considerados los más bellos y elegantes. Como occidentales nos cuesta trabajo comprender que un artesano le de un pequeño golpe a la pieza para quitarle la simetría al crear una vasija de barro. Pero eso es precisamente lo que le da el valor, la belleza y su alto costo.

Asimismo, en el arte islámico se les recomienda a los artesanos cometer errores intencionales tanto en sus creaciones en cerámica, en mosaicos y hasta en sus tapetes más lujosos con el fin de recordarnos a los observadores que sólo Dios es perfecto.

En literatura el famoso escritor irlandés James Joyce también cometía errores a propósito. Para él las faltas eran “portales de descubrimiento”; las suyas se aprecian particularmente en el Ulises como errores tipográficos y de ortografía, o como una ausencia de puntuación que le agrega una divertida inteligencia a su prosa.

De la misma manera, en la música aquellas notas que se desvían de un patrón establecido se usan con frecuencia para crear una tensión emocional. Beethoven da una muestra de ello en la Tercera sinfonía, “La marcha fúnebre”, donde rompe los moldes de la sinfonía clásica y crea disonancias o sustituye sonidos por silencios para expresar una tristeza en aumento.

Los japoneses seguidores de esta corriente estética dirían que todo lo arriba descrito es el ejemplo perfecto de la filosofía Wabi-Sabi, gracias a la cual uno se atreve a abrazar la imperfección, a ser diferente, a aceptar que en una asimetría, en una disonancia o en la irregularidad de un texto o un rostro existe belleza.

¿Te imaginas aceptarte como eres y encontrar tu propia belleza a pesar de los defectos que hoy tanto te reclamas?, o bien, ¿encontrar que tal o cual imperfección en tu pareja es lo que la hace precisamente única y especial?

Bien visto, nuestro infierno está en pensar que la perfección es un asunto de vida o muerte, y en volver esa exigencia atroz hacia uno mismo.

Cuando seamos capaces de ver la perfección en nuestro ser interior, a pesar de que difiera de todo lo que nuestro ego nos grita, habremos dado el gran paso de la auto aceptación para encontrar la belleza imperfecta de ser Wabi-Sabi.

Foto: https://wemakethearter.files.wordpress.com/2013/07/tumblr_m9uwm3d9ha1rraud7o1_500.jpg

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