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¿Demasiado independiente?

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¿Demasiado independiente?

 

Gaby Vargas

 

Nadie es tan grande para independizarse de los demás.

 

William Mayo

 

 

 

“Me arrepiento de haber formado unos hijos tan independientes. Los tres son muy exitosos y estoy orgullosa de ellos; uno vive en Nueva York, otra es investigadora de la unam y la más chica estudia en el Colegio de México y vive sola. Pero te puedo decir Gaby –me confió mientras daba sorbos a su café– que ninguno de los tres se preocupa por llamarme y ver cómo estoy. Ni se acuerdan que existo. Saben que estoy divorciada, que vivo sola, mas nunca me procuran. Ni modo, eso es lo que les inculqué; pero creo que se me pasó la mano…” Me dejó pensando.

 

Que nuestros hijos no dependan de nadie para salir adelante, por lo general, es a lo que todos padres aspiramos.

 

Sí, crecimos en una sociedad en donde nos grabaron el concepto “independencia” como símbolo del éxito. Nos enseñaron a respetar a todo aquel que encarne la imagen de la autodeterminación y la autosuficiencia. Es algo digno de admiración cuando decimos que alguien se “independizó”, como el joven que ya se vale por sí mismo y deja la casa paterna; cuando ponemos un negocio por nuestra cuenta; o bien, cuando festejamos el día de la independencia de nuestro país. 

 

Es por esta idea que nos aplaudieron la primera vez que caminamos solos, nos vestimos solos, anduvimos en bici solos y demás; incluso el que los niños digan “lo hice solito” es motivo de festejo. Y está bien, eso sin duda reforzó  nuestra confianza y fortaleza.

 

Ciertamente ser autosuficiente es el resultado de haber reunido valor y coraje, estimula nuestra autodisciplina y resiliencia personal. No obstante, esto es sólo una parte de la imagen, no representa la foto completa.

 

 

 

La sombra

 

Cualquier cualidad, incluso la “independencia”, llevada al extremo, se transforma en algo negativo y causa tantos problemas como la dependencia misma.

 

Las cualidades que atribuimos a una persona independiente son las de ser trabajadora, original, auténtica, emprendedora, tenaz, libre, ambiciosa, líder, asertiva, con alta autoestima. Sin embargo, llevadas al extremo estas cualidades se pueden convertir en sombra; la persona se vuelve narcisista, ególatra, egoísta, anárquica, muy competitiva, soberbia, inflexible, aislada, tramposa, arrogante, con complejo de superioridad. “My way or the highway” como dirían los vecinos del norte.

 

“La persona demasiado independiente puede darle un valor muy alto a su carrera profesional, al dinero, al éxito, al reconocimiento; mientras su familia, los amigos y algún hobbie son puntos al final de la línea. Al vivir con estas prioridades, esta persona puede conseguir el éxito y el reconocimiento que anhela, pero quizá no pueda disfrutarlo porque no tiene con quién hacerlo de una manera significativa”, nos dice el doctor John Pierrakos en su libro Core Energetics.

 

         Una característica muy común en la persona disfuncionalmente independiente es que todo lo ve como una competencia; lo cual puede ser bueno en algunas ocasiones, mas no en todas. Su concepto de “éxito” se define sólo en términos de ganar “algo”, como una venta, un puesto, reconocimiento o  influencia en las personas. Sin embargo, suele perder en términos de relaciones, pareja y familia. Es negociadora, por lo que no sabe conectarse de manera genuina con el otro. Rara vez pide perdón o llora porque estas acciones le parecen una muestra de debilidad; es difícil conocerla a fondo porque tiende a mantener una fachada permanente.

 

No perdamos el eje. Toda persona que llega al éxito, es porque hubo alguien que creyó en ella y le ayudó. Ojalá lo sepamos transmitir.

 

 

 

Foto: https://myximoveis.files.wordpress.com/2013/09/filhos-crescendo.jpg

 

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