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Cuando la respiración se convierte en aire

Fecha 2017-04-28 10:36:40

Esta semana corrimos a la sala de urgencias del hospital más cercano para llevar a mi mamá, quien tiene 86 años de edad. A media comida familiar pasó de estar perfecta a tener la temperatura muy baja y fuertes escalofríos que fueron en aumento y la hacían temblar incontrolablemente.

         "No, qué hospital ni qué nada, quiero irme a mi cama", dijo ante la insistencia de mi hermana Andrea en irnos de inmediato. "Los escalofríos no se te va a quitar, eso lo viví una vez y se debe a una infección en vías urinarias", argüía Andrea. Llamamos a su urólogo, que por medio de una secretaria nos mandó a decir que la esperaba al día siguiente por la tarde para consulta. "¡Cómo que hasta mañana?", nos alarmamos. Decidimos buscar otras opciones y los cinco miembros de la familia que estábamos presentes contactamos al experto que cada cual conocía.

         Al llegar a urgencias comencé a sentir impotencia al enfrentarme al papeleo y la burocracia, la indiferencia del personal y la lentitud con que las cosas proceden.

         Durante nuestra estancia en el hospital constantemente vino a mi mente el libro When Breath Becomes Air, que leí en las vacaciones y me dejó una huella permanente. "Es el libro más honesto que he leído", comentó Bill Gates en una ocasión. Despertó mi curiosidad la palabra “honesto” y lo devoré en dos días.

Los doctores deberían leerlo

Pocas veces uso la palabra “deberían”, pero en este caso la voy a usar, porque creo que se justifica: todos los estudiantes de medicina y doctores deberían leer el libro que titula esta columna. Es uno de los mejores libros del año pasado, de acuerdo con importantes medios estadounidenses.

         Paul Kalanithi es un neurocirujano y neurocientífico que enfundado en su bata blanca se sentía poderoso y sabio salvando la vida a sus pacientes, pero un día cambió su papel y vulnerable y débil en su batita azul desechable de paciente tuvo que luchar por la propia. A los 36 años a Paul le diagnosticaron cáncer de pulmón con metástasis en etapa iv. El futuro para el que tanto se había preparado, por el que se había desvelado y obsesionado en un afán de perfección, se esfumó en un instante.

"¿Qué es lo que me acerca a conocer al ser humano más a fondo y de cara a la muerte?", se cuestionaba. Por esa pregunta se debatió entre estudiar literatura inglesa o medicina. Estudió las dos carreras. Además de biología humana en la Universidad de Stanford, California, y una maestría en historia y filosofía de la ciencia en Cambridge. 

El libro es hermoso por la perfección de su prosa, por lo humano y, ciertamente, honesto que es; pero, sobre todo, por las reflexiones que ofrece acerca de lo que es ser un médico y lo diferente que se vive al ser paciente. “Como doctor, tienes una sensación de lo que es estar enfermo, pero es hasta que tu mismo atraviesas la enfermedad que en realidad lo sabes. Es como enamorarte o tener un hijo.”

La pasión por vivir, aprender, ser profesional, ser el mejor médico con sus pacientes es lo que hace a este libro impactante e inspirador, pero también la dignidad y la sabiduría con la que enfrenta su muerte, con una bebita de ocho meses y una oferta de trabajo soñada a sus pies.

“El deber de un médico no es alejar a la muerte o regresar a sus pacientes a sus vidas anteriores, sino tomar en sus brazos al paciente y a su familia, cuyas vidas se han desintegrado, para trabajar con ellos hasta que puedan sostenerse de nuevo y darle nuevo sentido a su propia existencia.”

Paul murió a los 37 años, fue un gran médico que seguramente hubiera logrado grandes éxitos, pero que sin duda trasciende a través del libro que nos deja.

Finalmente, debo decir que a la sala de urgencias del hospital acudió, en respuesta a nuestro llamado, Juan Pablo Herrera, un doctor joven, sereno y muy humano, con quien todos quedamos muy agradecidos. 

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