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Mente de poderoso.

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Mente y cuerpo de poderoso

Gaby Vargas

 

Te encuentras en la antesala, a la espera de que te anuncien para la entrevista más importante de tu carrera. Estás muy tenso, la noche anterior mal dormiste y la punzada en el estómago durante las últimas horas ha sido una constante.

         Si alguien te tomara una foto mientras aguardas, tu lenguaje corporal, ¿cómo sería? ¿Te verías enconchado, revisando mensajes en tu celular? ¿Estarías con los brazos y las piernas cruzadas?

¿Sabías que nuestro lenguaje corporal puede cambiar nuestra mente; que nuestra mente puede cambiar nuestro comportamiento y que nuestro comportamiento, por ende, cambiar los resultados? Me explico.

Hasta ahora sabíamos que bastan unos segundos para emitir un juicio sobre una persona y establecer o no credibilidad; que ciertos gestos, un guiño, una mirada, una sonrisa o determinadas posturas, reflejan de manera inconsciente el estado emocional real del otro. Es decir, nos hemos enfocado en comprender lo que te dice mi lenguaje corporal y lo que me dice el tuyo. Sin embargo, se nos ha olvidado la otra audiencia: tú ante ti. La cual nos afecta más de lo que imaginamos.

Te sonará atrevida la afirmación que a continuación te comparto, respaldada por los estudios dirigidos por Amy Cuddy, sicóloga social en la Universidad de Harvard, y publicada en TED:

 “Cambiar tu lenguaje corporal por dos minutos, puede cambiar tus hormonas, tus pensamientos, tus sentimientos y, por ende, el desarrollo de tu vida”.

 

Poder y dominio

¿Cómo es la mente de los poderosos? Cuando los animales desean expresar poder y dominio, se expanden y estiran; los humanos también lo hacemos cuando nos sentimos poderosos. Observa en una junta de trabajo: ¿quién es el más relajado corporalmente? El jefe. O bien, trae a tu memoria al atleta que al llegar en primer lugar a la meta levanta los brazos en señal de triunfo, ¿y recuerdas la pose de la mujer maravilla? Esas son posturas de poder.

¿Afecta nuestro lenguaje corporal nuestra actitud? Cuddy realizó diversos experimentos. A dos grupos se les tomó una muestra de saliva para medir los niveles de cortisol –hormona del estrés– y testosterona. A unos se les pidió que por dos minutos, adoptaran diversas poses de poder; mientras que a otros, totalmente lo contrario, como sintiéndose frágiles y vulnerables. Después se les dio la oportunidad de jugar con dados si así lo deseaban.

Al término del experimento se volvió a tomar la muestra de saliva y se les preguntó cómo se sentían. El resultado fue que 86 por ciento de los de alto poder jugaron y elevaron su tolerancia al riesgo, su testosterona aumentó 20 por ciento y el cortisol se redujo 25 por ciento. En cambio sólo 60 por ciento de los de bajo poder se animaron a jugar, su testosterona disminuyó 10 por ciento y el colesterol se les elevó 15 por ciento.

A aspirantes a conseguir un trabajo, previamente a la entrevista se les pidió que hicieran lo mismo, practicar poses de alto o bajo poder por dos minutos. Después, un grupo de expertos revisó las grabaciones de las entrevistas, sin saber nada sobre las condiciones o hipótesis del experimento. De inmediato, decidieron contratar a los que habían realizado las poses de poder y los calificaron mucho más alto. 

Así que hoy sabemos que sonríes cuando te sientes feliz, pero si colocas un lápiz entre los dientes, también te sientes feliz. Cuando te sientes poderoso, es fácil que expandas los brazos, pero cuando sólo lo pretendes, también.

Practica posturas de poder la próxima vez que tengas un evento o cita importante. Claro, como no podrás hacerlo en público aprovecha el elevador, el baño o donde nadie te vea. Sentirte poderoso y actuar como tal, es posible.

 

 

* Desayuno de ex alumnas Colegio Oxford. Sábado 26 de enero, 9:00 am. Informes: oxford75@hotmail.com

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