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DOS FANTASMAS NOS INVADEN.

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Dos fantasmas nos atacan

Gaby Vargas

El objetivo es una foto de la familia perfecta. Vestidos de blanco, todos se esmeran en mostrarse atractivos, cordiales y en armonía. Mientras el fotógrafo observa el acomodo de los 12 integrantes, nos percatamos de que la realidad es otra: hay discusiones, roces, conflictos y agravios; hasta que la tensión culmina en una guerra de lodo que ensucia la ropa de todos los presentes. El fotógrafo aprovecha para imprimir la realidad de una familia verdadera e imperfecta; y es sólo cuando sus miembros aceptaron esta condición, que se produjo la buscada armonía.

         La escena anterior es de la popular serie de televisión Modern Familiy, una sátira de la familia de hoy. Al ver el episodio pensé en cuánto podemos sufrir con la búsqueda de esa foto “ideal” que se fortalece con todas las falsas imágenes inalcanzables de la perfección que encontramos en revistas, anuncios, aparadores, cine, televisión; sin mencionar nuestras propias fantasías y exigencias personales, que van desde cuánto debemos pesar, hasta cuántas veces a la semana debemos tener relaciones sexuales.     

Pareciera que estamos en la búsqueda permanente de un tesoro llamado “perfecto”. ¿La razón? creemos que nos protegerá. Pensamos que si nos comportamos de manera perfecta, lucimos perfectos, tenemos la familia perfecta y vivimos perfectamente podremos minimizar el dolor del rechazo, la culpa, la crítica y el propio juicio...pero, es una ilusión.

Buscar la perfección es extenuante; pero bajar la guardia es aterrador. Porque en nosotros habitan dos grandes fantasmas que nos sabotean, nos envuelven con listones de dudas y miedos que nos enferman. Uno se llama “No soy suficiente” y nuestra valía personal se tambalea cuando no nos sentimos suficientemente ______ (puedes llenar el espacio con lo que quieras: delgados, bonitas, inteligentes, creativos, talentosas, populares, admiradas y demás). Y el otro, “No es suficiente” –dinero, cariño, descanso, cosas y demás. Estos entes provocan constantes críticas y juicios internos, que a su vez, suelen encontrar salida temporal en las adicciones.

Nadie es tan duro contigo como tú mismo, lo habrás comprobado. Cuando piensas que encontraste algo o a alguien que promete ser “suficiente”, al poco tiempo los fantasmas atacan. Sin importar cuán perfecta sea la foto, solemos encontrar un “pero” a todo; nuestra mirada se hace experta en detectar el defecto, lo que falta, de lo que carecemos tanto en las relaciones, como en la casa, el trabajo y, por supuesto, en nosotros mismos.   

Pero…¿En verdad admiramos la perfección? No, los estudios muestran que es todo lo contrario. Las que en realidad nos atraen son las personas normales, aterrizadas, vulnerables y lo que nos impresiona son aquellas que se atreven a ser tal cual, autenticas, porque sabemos que la vida es así, lodosa e imperfecta.

Ojo. Ser perfecto no es lo mismo que hacer el mejor esfuerzo. La búsqueda de la perfección no es sana ni ayuda a crecer; es un enorme y pesado escudo que lejos de protegernos nos impide ser libres, despegar y fluir.    

 

Es cierto, todos necesitamos sentir que merecemos ser amados, tener un sentido de pertenencia. Nuestra tarea es encontrar el valor, la compasión, la conexión que necesitamos para ir de un “no soy suficiente” a “sí lo soy”; o de “esto no es suficiente” a “sí lo es”. ¿Fácil? no lo es. Implica abrazar la realidad, la imperfección; aligerarnos y llenar nuestras ropas de lodo para darnos cuenta de que aceptarnos así, llenos de carencias e imperfecciones, es como logramos la armonía interior.

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