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Tu música de fondo

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Gaby Vargas

Imagina que cantas una canción de una sola nota, sin entonaciones. Sería, además de imposible, tremendamente aburrido, ¿no? Eso mismo sucedería con una vida sin emociones. Para nuestra mala fortuna, rara vez las valoramos.
    Hace poco tuve la singular experiencia de ver un video de dos minutos de duración sobre la ciudad de Manhattan, en el que se mostraban fugazmente una serie de tomas y diferentes aspectos de la ciudad: personas, momentos, autos, parques, calles, en fin... Sólo que había dos versiones. En la primera, la música de fondo era caótica, como Manhattan mismo, al grado de resultar incómoda y provocar ganas de parar el video. En cambio, la segunda versión transmitía la belleza, la armonía y la buena vibra que la Gran Manzana puede tener. Era el mismo video, las mismas tomas y la misma duración; la única diferencia radicaba en el fondo musical, que era una pieza de música clásica.
No me imagino cómo sería el corto sin sonido, que como un barco nos lleva por su travesía visual. Dicen los expertos que 50 por ciento de la experiencia de ver una película está constituida por las tomas y las situaciones que plantea, mientras el otro 50 por ciento lo conforma el soundtrack. Las emociones son como la música, que influye en nuestra percepción de las personas, los momentos y la vida misma sin darnos cuenta del todo.
Los científicos han confirmado repetidas veces que nuestras reacciones emocionales se muestran en la actividad del cerebro aun antes de que tengamos tiempo de pensarlas. Es decir, percibimos algo, lo evaluamos emocionalmente y después lo pensamos.
Las emociones para bien o para mal tienen un gran poder, le dan sentido a todo lo que hacemos, son nuestra música de fondo y colorean nuestra vida. Nos hacen gozar cuando conquistamos la cima de una montaña, disfrutar un partido de futbol, entusiasmarnos al abrir un regalo de cumpleaños o bien sentir el amor al abrazar a un ser querido.
Bien visto, la habilidad de reír, llorar, emocionarnos o sentir compasión por el otro es una bendición; también lo es sentir la necesidad de validación, intimidad, seguridad, amor o pertenencia. Esto nos diferencia de un ser inanimado.
De la misma manera, esa emoción, esa energía que se mueve dentro de nuestro cuerpo, puede llevarnos a los terrenos oscuros de la depresión, a través de sus estaciones y casetas de cobro. “Es la emoción, no la razón, la fuerza detrás de la gran mayoría de las guerras y conflictos en el mundo… Se necesita inteligencia para manejar esta fuerza interna tan potente, que por siglos hemos ignorado, para usarla para un bien mayor”, afirman los doctores Doc Childre y Howard Martin, expertos en el tema de las emociones.
Me parece muy revelador saber que una emoción genera, dependiendo del caso, una serie de reacciones complejas tanto físicas como psicológicas, que pueden ser positivas o negativas, y que afectan nuestra salud y longevidad más de lo que creemos. Nos preocupamos por ingerir alimentos balanceados, orgánicos y saludables, o de hacer ejercicio hasta el agotamiento, cuando lo que más impacta nuestra salud es el alimento cuántico que le damos a cada una de las células del cuerpo a través de nuestras emociones y pensamientos. Incluso se estima que 80 por ciento de todas las enfermedades comienzan en la mente.
Sabemos que la energía no se puede crear o destruir, sólo transformar; por eso, cuando notes que tu música de fondo es caótica, detente, respira y piensa en algo o en alguien a quien ames. Cambia esa emoción negativa por una de aprecio y gratitud que te devuelva la armonía que todos tus sistemas agradecerán a nivel celular.

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