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Auténtico.

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Sólo conecta tu interior

Gaby Vargas

 

“Se le pueden criticar mil cosas, pero es una persona auténtica.” Esa frase le puso fin a la discusión y acabó con la diversidad de opiniones que se dieron en una reunión cuando el nombre de alguien surgió en la plática. Esa autenticidad pareció ser lo único en lo que todos coincidieron. No se habló más del tema.

Siempre había pensado que ser auténtico era una cualidad determinada en el adn, que se tenía o no se tenía, como el carisma de un niño que nace con o sin él. Sin embargo, cuando comencé a estudiar el tema y por ende a observarme, me di cuenta que no, no es así; como con cualquier otra cualidad, todo es trabajo y práctica. En mi caso, hay ocasiones, días, en los que soy más fiel a mi misma, más auténtica; y otros en que me alejo de mi ser, me siento insegura, me autoengaño y me mimetizo con la persona que tengo enfrente.

Ser auténtico es algo que se decide ser, es una opción que se nos presenta en cada momento del día. Lo difícil es optar por la autenticidad en los momentos en que nos sentimos frágiles, inseguros y vulnerables.

 

Tal cual…

Desde que recibí la invitación traía un nudo en el estómago: hace unos días la Universidad Autónoma del Estado de México me ofreció dar una conferencia ante 2500 académicas, todas maestras con experiencia, títulos y doctorados. “¿Qué les vas a decir si tú no hiciste ni siquiera una carrera profesional?”, la pregunta me atormentaba. Durante ocho días me preparé lo mejor que pude.

Al despedirme ese miércoles muy temprano para salir rumbo a Toluca, mi maestro de thai-chi –que se encontraba con mi esposo y mis hijos– al saber el gran reto que se me presentaba me dijo: “Sólo conecta con tu interior”. Guardé la frase como quien guarda el suéter sabiendo que saldrá al frío.

Al pararme frente a las 2500 académicas de momento sentí la boca seca. Comencé con lo preparado, hasta que después de unos minutos puse en práctica el consejo de mi maestro. Contacté mi interior, no seguí más el orden de lo dispuesto y todo comenzó a fluir. Puedo decir que me atreví a ser yo, tal cual, sin máscaras ni títulos. Ofrecí lo que traía, lo que soy. Al principio, la sensación de atreverse a ser es similar al hueco que se siente al aventarse al vacío. Mas de inmediato sentí también las manos que me recibían, me apoyaban y cómo los corazones se conectaban.

Esa es la recompensa: ser auténtico te conecta con la autenticidad del otro. Es una fórmula de ganar-ganar. Ahora, la idea de escoger ser auténticos en cada momento es algo que anima y agota. Anima porque es lo que todos buscamos y valoramos; a todos nos atrae la gente aterrizada, real y sin falsas pretensiones. Y es agotador porque escoger ser auténtico en una cultura que día a día desea y te invita a que “embones”, “pertenezcas” y “complazcas” es una ardua tarea.

Ser auténticos no es nada cómodo; significa salirnos de la zona de confort y arriesgarnos. “¿Qué tal si les caigo mejor cuando no soy yo? ¿Qué tal si mi familia y compañeros de trabajo les gusta más el disfraz de ‘perfecto’ que muestro…ese que se encarga de resolverles todo a todos? ¿Y ahora que me atreva a ser auténtica me rechacen? Me siento más vulnerable”… Pues sí, ese es el riesgo. Hay un riesgo en presentar tu verdadero yo al mundo.

¿Que se requiere valor? Sí. Sin embargo, sacrificar quien somos debido a lo que opine la gente, no vale la pena. “Céntrate”, me repito como un mantra que me ayuda a recordar no hacerme chiquita para que otros se sientan cómodos, ni pavonearme para sentirme a la altura de una circunstancia que me intimida.

Concluyo que el que alguien diga “se le puede criticar mil cosas, pero es una persona auténtica”. Es todo un halago.

 

 

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