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Lo más erótico.

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Lo más erótico

Gaby Vargas

“El hombre ha podido sobrevivir sin lo indispensable, pero nunca ha podido vivir sin lo superfluo.”  Paul Valéry

Cuando le escuché esa frase al maestro de filosofía, Enrique Bonavides, me pareció totalmente contradictoria. “¿Cómo? Es más bien al revés”, de inmediato protesté.

Al escuchar su explicación el concepto me pareció no sólo precioso sino profundo; y además aplicable ¡a tantas áreas de la vida! Para mí fue todo un descubrimiento, no me quedó más que darle toda la razón. La comparto contigo.

Por ejemplo, todos estamos de acuerdo con que hay diferencias entre tragar y comer, entre disfrutar comer y gozar de disfrutar comer. Pero, ¿qué implica comer? ¿Qué necesito para en vez de tragar, comer?

Nietzsche decía que cuando se insinúa el agotamiento, el cansancio, la pesadez, la falta de libertad, la descomposición, la putrefacción, en ese mismo instante el hombre odia lo feo. Pero, ¿cómo saber qué cosa es fea y cuál no lo es? ¿Cómo saber que en algo no hay belleza? A lo que él nos responde: “Sabes que no hay belleza cuando de pronto lo que vives te agota, te cansa”.

¿Qué hacer para no cansarse? Nietzsche decía que se necesita lo indispensable para cualquier acto sensual: tiempo (¡!). Si no tenemos tiempo para comer, entonces nos tragamos la comida, y por más rica que sea, no la disfrutamos.

Tener o dar tiempo, de acuerdo con Nietzsche, es el aspecto más erótico en cualquier relación entre dos seres o entre un ser y su entorno. ¿Qué hay detrás de tener tiempo? La oportunidad de ritualizarte. De permitir que tus sentidos te lleven hacia el mundo.

Un rito

En India la palabra “orden” se dice “rita” sólo que en el idioma hindú no hay vocales por lo que se escribe “rt”. Así que rita (orden) es la raíz de rito. Hacer un ritual es ordenar las cosas. Si tengo tiempo ritualizo mi casa, mi entorno o la comida y coloco un mantel bonito, una mesa bonita y unas flores.

Asimismo, la palabra rita tiene las mismas consonantes que la palabra arte. Si quieres comer bien, tienes que hacer de la comida todo un arte. Es inútil forzar los ritmos de la vida.

Cuando te das tiempo para disfrutar, te das lo mejor que te puedes dar. Tiempo para platicar, caminar, leer, escuchar música o entender que no es lo mismo comer una carne cruda y sin sazón –lo indispensable– que asarla, condimentarla, ponerla al fuego y disfrutarla –lo superfluo–; es el espíritu del disfrute lo que hace lo indispensable. Como tampoco es lo mismo comer un pescado acompañado con un refresco, que con un buen vino. No es cuestión de dinero, es cuestión de estilo, de gusto. Y el estilo, dice Nietzsche, surge de los sentidos. Pero, ¿qué más necesito? Una buena compañía. No es lo mismo comer muy rico solo, que comer muy rico acompañado. ¿No es así en todo?

Lo que me hace humano, al fin y al cabo, es lo no útil. Es decir, lo que salva al hombre de sí mismo es el arte. Un arte relacionado con la estética, lo erótico, el gusto, el estilo. De tal manera que el arte sea la mediación entre mis ojos y una realidad, que no necesariamente es bella.

La ética es hija de la estética, como decían los griegos. Si yo logro tener un entorno estético, bello, ritualizado con el tiempo y la compañía, esa estética hará que mi comportamiento, tanto conmigo como con el otro, sea ético.

La lección del día fue entender que el tiempo es lo más erótico que se le puede regalar a cualquiera. Eso significa, escucharlo mejor, acariciarlo mejor, acompañarlo mejor. Y esto quizá contesta la ya famosa pregunta de López Dóriga: “¿Juayderito?”

 

 

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