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Burning Man: una experiencia única

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Gaby Vargas

Vivir la experiencia de Burning Man sin duda abre la mente, modifica el cerebro y la forma de percibir la vida.

 Las condiciones no pueden ser peores: se realiza en pleno desierto, con sorpresivas tormentas de arena que impiden ver a medio metro de distancia y con un frío nocturno que penetra hasta los huesos. No obstante, entre setenta y ochenta mil personas de todo el mundo asisten año con año, desde hace una treintena, a este movimiento cultural global.

 Burning Man se lleva a cabo en el desierto de Black Rock ,en Nevada, para vivir, sin exagerar, una de las experiencias más memorables que se pueden tener en la vida.      La filosofía de dicha comunidad es expresar, crear, ser libre y auténtico, recrear una ciudad temporal y un mundo “ideal”, mientras se da, se comparte, se ayuda y se es drásticamente autosuficiente, sin dejar rastro alguno.

 A pesar de que a simple vista pareciera una estampa surrealista en la que reina el caos absoluto, detrás hay una organización muy exigente y vigilante que se asegura de respetar el desierto y cuidar la vida de los participantes.

 En una explanada de varios kilómetros se organiza una especie de semicírculo con un sinnúmero de campamentos formados con tiendas de campaña, tráileres, campers, instalaciones artísticas, plantas de luz y todo lo indispensable para sobrevivir. Ahí no hay dinero no sirve para nada; no hay cargos, títulos, nombres ya que te inventas uno ni cuentas bancarias. Tampoco hay WiFi, logos, marcas o anuncios de ningún tipo. Lo único que prevalece es la magia, el ser, el sentido de comunidad y la generosidad. ¡Es una delicia!

 Cada cual se hace responsable de llevar lo suficiente para sobrevivir, pernoctar y disfrazarse todos los días o bien encuerarse y, además, poder regalar a otras personas aquello de lo que se tiene conocimientos, desde clases de yoga y pintura o instalar tomblings, hasta llevar DJ's para mezclar música, regalar licuados nutritivos, cervezas, café o lo inimaginable. El tema es aceptar, no juzgar, ser creativo, compartir, abrazar y hacer que todos vivan la experiencia.

 Cada campamento aporta, si lo desea, un “coche arte” o una instalación artística, los cuales suman más de mil, cada uno más creativo que el otro, y que son todo un atractivo, en especial por las noches en que se iluminan con mil colores, al igual que todo lo que se encuentra en el área, incluyendo bicis y personas. Se pueden ver esculturas, coches en forma de pulpos mecánicos que echan fuego, barcos, globos aerostáticos, catarinas, peces, pantallas ambulantes y lo que la imaginación permita pensar.

México aporta, desde hace cuatro años, el “coche arte”, considerado por todos el más cool, que lleva por nombre Mayan Warrior; es una belleza de ingenio, tecnología y arte que se transporta todas las noches desde su campamento hasta el centro del semicírculo conocido como “playa”, seguido por un río de bicicletas fosforescentes, para llevar el mejor sonido y la mejor música hasta el amanecer.

 También en la “playa” está el famoso Burning Man, que es una escultura de madera de alrededor de treinta metros de alto, cuyo diseño y el artista responsable de su fabricación varían año con año. Al final del festival se quema, en una especie de ceremonia a la que cada quien le infiere su propio significado.

 A pesar de haber regresado trasnochados, agotados y con todo, absolutamente todo, impregnado de un polvo-arena gris, lo que más disfrutamos mi esposo y yo fue haber sido invitados por Pablo, nuestro hijo, a ser parte de su mundo durante tres días.

 

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