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Cuando “santuario” no es sólo una palabra

Fecha 2016-03-05 00:00:00

Antes del amanecer, un grupo de 16 jinetes partimos a caballo para alcanzar los 3 mil metros de altura de los bosques de pino y oyamel que se encuentran en el Estado de México  Después de algunas horas llegamos al santuario. En silencio desmontamos para continuar a pie el resto del camino, queríamos estar presentes en el momento en que el sol tocara cada árbol para despertar a las miles de mariposas monarca que descansaban unas sobre otras, para protegerse del frío.

Decir “santuario” no sólo es una palabra. Presenciar ese espectáculo fue sentir el privilegio de estar en un lugar sagrado de la naturaleza. Ver el lento aleteo de una, otra y luego otra mariposa o “hija del sol” –como la llaman los mazahuas–, hasta que todas se convirtieron en una nube viva y naranja, fue una escena prodigiosa.

Ese regalo nos lo daba la naturaleza todavía hace algunos años. Durante los años noventa, 19 hectáreas de Michoacán y el Estado de México se cubrían de mariposas monarca. En el invierno de 2013-2014 regresamos al santuario con la ilusión de repetir la experiencia, pero ya no vimos aquel grandioso espectáculo, las mariposas cubrían ¡menos de una hectárea¡

La presencia de este insecto tan hermoso no sólo es cuestión de belleza, es un polinizador importante y es un indicador de las condiciones del medio ambiente y del equilibrio –o de la falta de él–, en los ecosistemas. La mariposa monarca sale de Canadá en octubre para escapar del frío y viaja más de 5 mil kilometros a lo largo de 11 estados de la unión americana y 12 estados de México (Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, San Luis Potosí, Zacatecas, Jalisco, Querétaro, Guanajuato, Hidalgo, Estado de México y Michoacán).

Las mariposas monarca se alimentan del néctar de las flores a lo largo de todo su camino, para poder volar entre 80 y 160 kilometros diarios. Sólo que las condiciones para el viaje de estos heroicos insectos se han modificado radicalmente en los últimos años. Aquí algunas razones: 

 * Las zonas agrícolas entre Canadá y Estados Unidos han cambiado. Con la llegada de empresas como Monsanto, los cultivos de, por ejemplo, algodoncillo o pasionaria, que antes servían de alimento a las mariposas, ahora se sustituyen por plantíos de semillas genéticamente modificadas, tolerantes a herbicidas y llenos de químicos. A lo largo de miles de kilómetros las mariposas no tienen plantas y flores para comer o descansar. Muchas de ellas llegan a nuestro país en estado de inanición.

 * En México, la intensa deforestación por la tala ilegal en los sitios de hibernación, el cambio de uso del suelo e incendios forestales, la ganadería extensiva y la expansión de la agricultura, las especies invasoras y plagas, así como la minería.

 * Y, por último, las malas prácticas turísticas y la falta de educación ambiental.

Si bien, en el monitoreo realizado por la conanp, en la temporada 2014-2015, se registraron 1.13 hectáreas de superficie de bosque ocupada por nueve colonias de mariposas monarca, en 2015-2016 la cifra aumentó a 4.01 hectáreas –tres veces más que la temporada anterior. Y la meta es que para el año 2020, lleguemos a las 6 hectáreas de ocupación de monarca.

 Si tú y yo queremos que nuestros hijos y nietos vuelvan a tener ese gran espectáculo que es el arribo de millones de mariposas monarca a nuestro país, exijamos a Monsanto el  respeto de los árboles, las plantas y las flores silvestres en su ruta de migración, a nuestro gobierno la salvaguarda de las áreas protegidas. Y cooperemos para preservar este santuario de vida. 

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