Yo decido

¿Qué porcentaje de tu vida la decides tú y qué porcentaje las circunstancias? Planteé esta pregunta en Twitter y tomé como muestra las primeras 100 respuestas. El 60 por ciento afirmó ser quien decide sobre su vida; mientras que 40 por ciento respondió que las circunstancias decidían.

El tema de las decisiones me ha interesado desde hace varios meses. Me he hecho consciente de que decidir está en mí. Quizá sea aventurado y soberbio afirmar que decido sobre el 100 por ciento de mi vida, ya que no decido el paso de un huracán, un accidente o una enfermedad. Sin embargo, el mundo no es un lugar físico, es un lugar mental.

Ya Victor Frankl lo decía: “No puedo decidir mis circunstancias, pero sí mi actitud ante mis circunstancias”. Es decir, al cambiar mi mente, todo en mi vida cambia. El mundo visto así es un conjunto de opciones, es mi opción. Me refiero a los pensamientos, la actitud hacia lo que la vida da o quita, ante la salud, las relaciones, en fin.

 

La siguiente pregunta es: “¿A partir de qué momento decido yo?”. Decía Michel Foucault, filósofo francés de los años sesenta, que hay que ser arqueólogos del saber. Es decir, que las ideas son como las antiguas ciudades, hay que excavar las capas de sus diferentes épocas, hasta encontrar el origen.

Con esto en mente decidí seguir los rastros arqueológicos del tema y acudí a la mitología griega del siglo v a.C. Encontré que hay dos visiones: la de Esquilo en la Tragedia de Prometeo, y la de Sófocles en Antígona, ambas muy reveladoras. Permíteme que te platique.

 

 

Esquilo (525 a.C.-456 a.C.)

Esquilo plantea a través de Prometeo, que todas las capacidades del hombre –de pensamiento y acción– son dadas por los dioses. El hombre es un ser pasivo que acepta lo que la pitonisa le dicta en el oráculo; acepta que su destino está marcado y no lucha por ser nada más o mejor. Es decir: “Estoy destinado y predeterminado; soy lo que los dioses han querido y no hay forma de cambiarlo”. Y el ser humano que no logra algo lo debe a dioses que no le dieron la gracia. El mayor regalo dado al hombre es no saber el momento de su muerte.

La de Esquilo era la época de auge y crecimiento de Atenas, en la que la pasividad se asociaba con el bienestar. Pero, llegó la guerra del Peloponeso y los orgullosos atenienses la perdieron. Entonces se dieron cuenta de que todo lo que habían logrado no servía de nada. Se dio una crisis existencial, se trastocaron los valores griegos y su idea del hombre. Y como dice Albert Camus, toda crisis existencial genera una transformación de las ideas.

 

 

Sófocles (495 a.C.-406 a.C.)

Pasan alrededor 25 años entre Esquilo y Sófocles. La guerra del Peloponeso, la peste y la muerte del 60 por ciento de la población dejan una crisis que tiene como consecuencia, el surgimiento de un nuevo concepto de hombre, que Sófocles describe en la tragedia de Antígona.

En ella Sófocles propone que son los hombres quienes crean sus capacidades y potencialidades, que no han tomado nada de los dioses y que ningún dios les dio nada. Es así que Antígona, por la necesidad de enterrar a su hermano muerto y defender su honor, elige lo que no podía elegir: su muerte. Sabía que enterrarlo y desafiar los designios le causaría la muerte. Aún así, rompe con su destino y surge un ser con voluntad propia y dignidad.

Antígona opta por lo peor: no descansar en el reino de los muertos. Sin embargo, con ello inicia un pensamiento nuevo en la sociedad griega y en la humanidad, que marca la diferencia en la manera de ver la vida y el mundo, y que hasta el día de hoy prevalece, al menos en la mayoría: yo decido y soy responsable de aquello que decido.