Conoce tu sexto sentido

Fecha 2018-04-05 09:28:34

“Cada año, los amigos de la primaria nos reunimos en las faldas del Ajusco a comer en el rancho de uno de ellos. Me tocó cocinar una pierna en el horno de leña cuya cocción tardaría varias horas. 'Gerardo, ¿quieres montar?', me preguntó mi amigo. 'Sí, claro', le respondí. 'Toda mi vida he montado y el caballo de mi amigo debe ser tranquilo', pensé.

“En el momento en que trajeron el caballo, vi que la silla era tipo albardón y no charra, que es a la que estoy acostumbrado. Sentí una contracción en el pecho y escuché una vocecita que me dijo: 'No te subas al caballo'. '¡Bah! –me dije–, si sé montar y el caballo, al ser de mi amigo, debe ser tranquilo.

         “Todo este diálogo interior tomó segundos –me platica Gerardo–. Luego me tomé de la crin para montar al caballo y en el instante se arrancó a correr. Cuando pude alcanzar las riendas para frenarlo, reparó, por lo que salí volando y me rompí la muñeca. Terminé en el hospital.”

Con esta historia quiero invitarte a confiar en el sexto sentido, cuyo lenguaje es sutil, certero y con frecuencia se expresa con un sentir en el pecho, una presión acompañada de una vocecita que te dicta al oído lo que te conviene o no hacer en ese preciso momento. Estoy segura de que sabes de lo que hablo. Te sugiero reconocerla porque se trata de tu sabiduría interior.

 

Un sentido subutilizado

Si lo piensas, la vida es un gozo gracias a los cinco sentidos que tenemos; visualiza cómo sería sin poder observar la belleza de una paisaje natural, sin aspirar el aroma de un bebé, sin sentir las caricias de la persona amada, sin escuchar el canto de los pájaros en las mañanas o sin deleitarse con el sabor de un helado de chocolate. Los sentidos que hacen todo esto posible nos guían por la vida, ¿cierto? Pues ahora imagina que descubres un sexto sentido que, quizás hasta ahora, has subutilizado y cuya función, como en el caso de Gerardo, es darnos una tutela que ningún otro medio nos da.

         Dicho sentido no es físico, se trata de algo intangible relacionado con el corazón y el alma antes que con el cuerpo. El tipo de guía que nos proporciona nos conduce a abrir la conciencia, llevarnos por buen camino y crecer en nuestro interior.

         Con frecuencia el precio que pagamos por ignorar su mensaje es alto: tomamos malas decisiones, sentimos ansiedad, temor, estrés, actuamos de manera inadecuada, destruimos relaciones e, incluso, enfermamos.

 

La confianza es lo primordial

Respeta lo que sientes en el momento; esa es la mejor guía para navegar en el mundo aun cuando te parezca que carece de motivo. Todos llegamos al mundo con ese gps integrado, ignorarlo es como negarnos a ver la luz en un día soleado. Confía en la maravillosa herramienta que la vida nos regala, aunque de momento tal vez se encuentre dormida. Escúchala, deja de dudar de ella cuando te hable. El reto es darle el comando al corazón y no al ego.

         La mejor manera de desconectarte de tu sexto sentido es vivir con la mirada en lo exterior, tratar de atender muchas cosas a la vez y, peor aún, con prisa. Cuando vives así, te sucede lo mismo que a las computadoras: tu sexto sentido se “freezea”, no piensa, no siente y no vive. Cuando sientas que te encuentras en una situación que te rebasa o que las ideas no fluyen, lo mejor que puedes hacer es salir a solas a caminar un rato y respirar. Eso te aterrizará, te desbloqueará, silenciará tu estática cerebral para conectarte de nuevo con tu sabiduría interior.

 

Tu cuerpo es tu mejor termómetro

Sí, tu cuerpo es tu mejor termómetro y tiene maneras de expresarse cuando algo impacta su nivel energético y bloquea tu sistema. Puede pronunciarse mediante achaques, ansiedad, dolorcitos, mariposas en el estómago, contracturas musculares, fatiga y hasta enfermedad. Todo depende de lo que intente comunicarte y de qué tanto caso le hagas.

         En cambio, habrás notado que cuando estás en el camino correcto y haces lo que te gusta todo fluye, no te duele nada, te sientes bien, lleno de energía, pleno y satisfecho. Es por eso que el cuerpo es el mejor termómetro para saber que vas bien y haces lo correcto.

Te invito a poner atención a cada corazonada, a cada sensación, pensamiento o idea maravillosa que te visite, pues son líneas de vida que lanza tu sexto sentido y nacen de la apertura de conciencia. La mejor forma de familiarizarte con ese lenguaje es regalarte tiempo para contactar tu interior en silencio. Como lo mencionamos, una de las formas más efectivas para lograrlo es salir a la naturaleza, caminar descalzo y calladamente sobre terreno natural, respirar de manera consciente cada inhalación y exhalación, llevar a cabo las tareas cotidianas con calma y atención –lo que se conoce como mindfulness–, o bien, pasar diez o 15 minutos con los ojos cerrados para sólo estar.

Una vez que empieces a reconocer la eficiencia de tu sexto sentido, verás lo bien informado que te mantiene sobre el mundo sutil de las no palabras que a diario te impacta. Es cuestión de hacerle caso.

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