¿Experiencias o posesiones?

Fecha 2018-04-18 16:04:29

¿Alguna vez has experimentado la emoción de haberte comprado un reloj, una prenda de vestir o lo que sea, la cual una vez que estrenas y guardas el objeto se desvanece en la oscuridad del clóset del cajón o de la costumbre?

La mayoría de las personas busca ser feliz. En esa búsqueda invertimos tiempo, dinero y energía. Es así que una vez que logramos cierta estabilidad económica, por lo general, compramos cosas: bolsas, libros, zapatos, relojes, juguetes, ropa, iPads, quizá hasta una casa ¿cierto?

La paradoja de las posesiones es que creemos que la felicidad que proporcionan durará tanto como el objeto, sin embargo, como lo habrás experimentado, se esfuma de inmediato. Incluso te das cuenta de que no te da la satisfacción que esperabas. Y es así que en la primera noche que pasamos en la nueva casa nos sentamos en el sillón de la sala, sonreímos y exhalamos con orgullo.

Pero los días pasan y la costumbre también se instala en el nuevo hogar. La dicha se comienza a desvanecer y regresa la vieja sensación de que “no es suficiente y algo falta”. Sin contar con que nuevas compras, nos llevan a nuevas expectativas. Entonces, nos cuestionamos si seríamos más felices con un trabajo de mayor prestigio, con una casa más grande o un coche más lujoso. Y la carrera de la insatisfacción nunca termina.

Por otro lado, las personas por naturaleza tendemos a la comparación. Se aplica aquel viejo dicho de “el pasto siempre es más verde del otro lado de la barda”. Compras un nuevo coche y estás feliz hasta que el vecino se compra uno mejor. Y si de algo podemos estar seguros es de que siempre habrá alguien con –lo que sea– mejor que lo tuyo.

 

No gastes tu dinero en cosas

A este respecto, el doctor Thomas Gilovich, profesor de psicología de la Cornell University, llegó a una poderosa y contundente conclusión después de 20 años de estudio: no gastes tu dinero en cosas. Las experiencias están menos sujetas a las comparaciones que las cosas materiales. ¿Cómo cuantificas los momentos de gozo y convivencia que pasas en las vacaciones? No es tan sencillo.

En cambio, las posesiones las usamos para mostrarnos a nosotros mismos y a los demás quiénes queremos ser y cómo deseamos ser vistos, por lo que nos hemos vuelto una sociedad centrada en los objetos más que en las personas.

Lo que resulta curioso es que diversos estudios confirman que el bienestar no aumenta proporcionalmente a las posesiones que acumulamos. “Uno de los enemigos de la felicidad es la adaptación”, comenta Gilovich.

Además, cuando compras algo, también compras el remordimiento y la preocupación de cuidarlo, de que no te lo roben o maltraten. Eso no sucede con las experiencias. Como sabemos que son cortas y pasajeras, las valoramos más en el momento y los recuerdos aumentan su valor con el tiempo.

 

Es por eso que Gilovich nos da tres razones por las cuales es mejor invertir en experiencias que en posesiones:

 

  1. La experiencia forma parte de tu identidad. Cuando te vas de este mundo ¿cuánto importa tu cuenta bancaria o la colección de relojes que tienes? En cambio, los viajes, los conciertos, los momentos entre amigos y familia, forman parte de ti, de tu identidad y te los llevas en el corazón. No cabe duda de que somos la suma de nuestras experiencias, no de nuestros objetos.

Ese nuevo iPhone no cambiará quién eres, ¿tú crees que a tu esencia le importa? En cambio, una excursión en la naturaleza, con toda la belleza que puede ofrecerte, formará parte de ti, de tu alma, por lo que es probable que sí lo haga. “Nuestras experiencias conforman una parte mucho mayor de nosotros que nuestras cosas materiales”, afirma Gilovich.

 

  1. La anticipación cuenta. Todos los planes previos a una aventura, un viaje o una fiesta nos llenan de emoción y de alegría. Mismas que volvemos a sentir cuando los recordamos días, meses o años después. En cambio, al anticiparnos a la compra de algún bien material lo que sentimos es impaciencia o angustia, las cuales olvidamos con el tiempo.

 

3.- Las experiencias las comparamos menos, las valoramos más y al ser pasajeras, nos hacen vivirlas de manera mucho más intensa. Considera el valor que le darías a esos momentos de convivencia en la naturaleza ya sea en soledad o compartidos con un buen amigo o un hijo. Ese es el gran valor de los recuerdos en la memoria.

 

Podríamos concluir que viajar, convivir, aventurarte a experimentar cosas nuevas es, sin duda, la mejor forma de invertir en tu felicidad.

 

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