Edúcalos o Padécelos

Fecha 2017-07-21 19:47:50

Los papás somos los primeros maestros de nuestros hijos, pero con frecuencia tememos ejercer la autoridad.

¿Cuántas veces claudicamos frente a la insistencia de una hija y le damos un permiso que debíamos negarle? O para evitar un "gran enojo" de nuestro adolescente, de plano, ¿no nos atrevemos a decir "no" aunque lo consideramos prudente? O bien, ¿festejamos la rebeldía del pequeño de dos años ante un "no toques" y el niño se sale con la suya?

 "¡Lo quiero tanto, que lo que menos deseo es que sufra!", "¡Es que lo veo tan poco....!", "Si le digo que sí a todo, quizá me quiera más y me convierta en su mejor amigo", "No quiero que se frustre", "Es que no quiero que se rompa la 'cordialidad familiar'", o "Quiero que él tenga todo lo que yo no tuve", son algunas de nuestras justificaciones culposas, quizás como resultado del poco tiempo que les dedicamos.

De momento, nos puede gustar la idea de ser como sus "cuates" y que el niño tenga todo, sea feliz y no sufra, pero corremos el riesgo de perder la oportunidad de orientarlos para que formen su carácter y en un futuro sean responsables, independientes y autodisciplinados.

Hay una línea muy tenue que separa el papel de amigos y el de maestros; cuando por estas razones o por comodidad cometemos el error de borrarla, confundimos y desorientamos a todos.

Ejerce la autoridad, sin temor

Todos hemos escuchado el dicho de "edúcalos o padécelos" y en la vida hemos podido comprobar lo sabio que es y lo mal que nos cae a todos un niño mal educado.

Ejerzamos la autoridad. Aunque no lo creas, ¡lo niños y jóvenes la piden a gritos! Al decir autoridad, no me refiero a esa falsa manera de obligar, presionar, mandar o imponer, sino a esa verdadera autoridad que en su esencia etimológica significa "ayudar a crecer".

Cuando los papás marcamos pautas, horarios y hábitos, los estamos ayudando a crecer y a convivir con responsabilidad. Desde que son niños, nuestra obligación, antes que nada, es ayudarlos a preparar esa maleta que los acompañará en su propio viaje.

Para que el equipaje le sea útil, necesita incluir amor, conocimientos, disciplina, seguridad, fortaleza, madurez y flexibilidad. El verdadero maestro enseña con su congruencia de vida. "Las palabras convencen pero el ejemplo arrastra", dice el dicho.

Somos testigos del tiempo que nuestros hijos pasan frente a alguna pantalla o  fuera de la casa bajo la influencia de los amigos, éstos, sin duda, también son factores importantes que moldean o deforman su mente. Sin embargo, no dejes de insistir. Tu cercanía, congruencia y autodisciplina harán que el ejemplo penetre poco a poco para que un día puedan prescindir de ti.

Se su maestro

Podemos decir que toda aquella persona que sea auténtica, que esté abierta al cambio, que quiera aprender constantemente, que sea sensible y al mismo tiempo exigente, que sea tolerante con los demás, que aliente los sueños, la imaginación y la congruencia, que sea capaz de aprender de sus alumnos y que se dé la oportunidad de equivocarse, merece ser llamado maestro. 

Sin duda, en la vida todos somos maestros y alumnos a la vez. Cualquier comentario sobre valores dicho en forma casual, algún día, como gota de agua, llega a penetrar. Ten en mente que la principal tarea de un maestro, no es resolver las cosas y pensar por el otro, sino hacer a sus alumnos personas de bien, responsables y  autónomos. 

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