Eres el arquitecto de tu experiencia

Fecha 2018-07-27 11:36:04

Me parece genial que alguien haya inventado este juguete educativo para los niños, cuando a los adultos nos hace tanta falta. Se trata de un cuadro grande de tela de fieltro con 21 bolsitas que representan los siete días de la semana y los horarios “mañana, a medio día y noche”. El niño elige entre diversas caras de ositos, para identificar las emociones que experimenta durante el día: triste, contento, aburrido, feliz, cansado o enojado.

            ¿Eres consciente de tus emociones? ¿Cómo te sientes por las mañanas? ¿Qué pensamientos son los que suelen invadir tu mente apenas al despertar? ¿Tienes alguna queja o preocupación? ¿Piensas con pesar en tooodo lo que tienes que realizar en el día?

Los primeros pensamientos del día marcan el tono con el cual vivirás esas siguientes horas y quizás –al volverse una costumbre–, las semanas, meses, años o toda la vida. Te invito a ser consciente de lo que la mente te dice cuando abres los ojos, te ves al espejo por la mañana, te bañas, te vistes, o bien, cuando estás detenido en el tráfico.

Es importante que te regales 10 minutos antes de levantarte para dirigir tus pensamientos hacia la gratitud por todo lo que sí tienes, no sólo como un acto –casi obligatorio– de conciliación con la vida; sino para modificar las estructuras de la mente y que el día cambie por completo.

 

Las emociones no te pasan, no te suceden, tú las creas

La investigadora Lisa Feldman Barrett, reconocida neurocientífica, profesora de la Harvard Medical School y autora del libro How Emotions are Made: The Secret Life of the Brain, nos da nuevas técnicas, basadas en sus experimentos de laboratorio durante 25 años y afirma: “Las emociones no te pasan, no te suceden, tú las creas”. Es decir, no somos –como se había pensado–, víctimas de nuestras emociones, sino arquitectos de nuestras experiencias; tenemos más control sobre ellas de lo que pensamos.

            “El trabajo más importante del cerebro no es pensar, sentir ni siquiera ver, sino mantener el cuerpo vivo y en buen estado para sobrevivir y disfrutar… ¿Cómo tu cerebro logra esto?” comenta Feldman. Y nos dice que así como una sofisticada adivina, el cerebro predice constantemente. Esas predicciones se convierten en emociones. Por lo tanto, como el cerebro en esencia fabrica las emociones, podemos enseñarle a que les cambie la etiqueta.

            Para lograrlo:

  1. Amplía el vocabulario de tus emociones. Éstas sólo cobran vida cuando las puedes nombrar. No es lo mismo calificar tu experiencia con un: “Me sentí increíble”, que con: contento, emocionada, relajada, gozosa, esperanzado, bendecida, orgulloso, inspirada, satisfecho y demás; o “Me sentí mal”, que: enojado, alarmada, herido, pesimista, apabullado, confusa, fatigado, irritable o incapaz. Al nombrar con más detalle lo que sentimos, la emoción se dimensiona y el cerebro proporciona las herramientas para tener una respuesta más flexible y útil. Además, mejora la inteligencia emocional. “Las personas que pueden construir más finamente sus experiencias, visitan menos al doctor, toman menos medicinas y se enferman menos”, comenta Feldman.

 

  1. Cambia la etiqueta de cómo te sientes. Por ejemplo, si estás a punto de entrar a una cita importante y tu corazón comienza a latir de manera acelerada, el cerebro puede etiquetar la sensación como “ansiedad dañina”: “Lo voy a hacer pésimo”, o bien, como una “preparación anticipatoria”: “Estoy emocionada y lista para dar lo mejor de mí”. Es decir, ordena y alinea esas mariposas en el estómago, en lugar de que vuelen en desorden. Los estudios muestran que los estudiantes de matemáticas pueden mejorar sus exámenes finales al recategorizar las emociones.

 

  1. Asegúrate de tener al cuerpo contento. Cada vez que no duermes bien, tienes hambre, estás deshidratada, incómodo, tienes frío o calor excesivo, el cerebro genera pensamientos que lo reflejan y, por lo tanto, emociones negativas. Si se cambian los ingredientes, cambia la experiencia.

 

Recuerda, los primeros pensamientos del día marcan el tono con el cual vivirás la jornada entera. Te invito a volverte consciente, a regalarte 10 minutos para agradecer, sonreír por estar vivo y atesorar el presente.

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