Karma e intención

Fecha 2018-08-21 12:30:28

A veces creemos que sólo lo que vemos, tocamos, saboreamos, olemos y sentimos es lo único que el mundo nos ofrece. Ignoramos que lo más importante no se ve.

El Kybalión, publicado en el siglo xix, recopila principios de la antigua sabiduría hermética. Esta colección de saberes se atribuyen a Hermes Trismegisto, quien, según la leyenda, fue guía de Abraham en el antiguo Egipto. Se dice que muchas de las grandes corrientes herméticas, espirituales y esotéricas basan sus conocimientos en esas enseñanzas. Una de sus siete leyes universales es la ley de la causa y el efecto, conocida también como ley del karma.

La palabra karma proviene del sánscrito y se puede traducir como “acto”. La ley del karma nos dice que todo acto tiene una consecuencia y acarrea un movimiento de energía. Es decir, que toda causa tiene su efecto y todo efecto tiene una causa que la creó. De manera simple: lo que das, regresa.

Una ley a la que no se puede engañar

No podemos librarnos de las consecuencias de nuestros actos. Sin embargo, el karma no sólo se crea mediante ellos, también resulta de las palabras, los pensamientos y hasta de la intención con la que se hacen las cosas.

Si la palabra es una y el hacer es totalmente opuesto, lo que se haga pesará más que lo que se diga, es lógico, ¿no? Y si bien el acto tiene un peso que genera karma, tiene más peso la intención con que dicho acto se lleva a cabo o con la que se pronuncian las palabras. Eso que no se ve, no se escucha y no se puede medir es la base fundamental de dicha ley. 

Cada intención mueve una energía, seamos o no conscientes de ello; la intención con la que siembres la semilla, será tu cosecha. Finalmente, el mundo sólo es un espejo. Si ayudas a una causa noble desde el “tengo que hacerlo”, desde el “no queda de otra” o por lucimiento personal, es claro que no se generará buen karma. En cambio, cuando se comprende que el bien común es el bien propio y el acto se hace desde la generosidad y la voluntad genuina de ayudar sin esperar un beneficio personal, aparte de la inevitable satisfacción, la energía de la intención algún día regresará amplificada y por donde menos la esperas.

Una intención no es sólo un deseo

A diario creamos el mundo con nuestra intención. La intención equivale a elegir cómo quieres vivir. Cuando tienes la intención de cambiar algo en tu vida, se requiere no sólo de pensamiento, sino de voluntad.

Una intención es un compromiso hecho con conciencia. Cuando siembras una intención de manera clara en la mente, ésta se convierte en un rayo láser que puede transformarlo todo. A diferencia de un cumplimiento (“cumplo y miento”) en el que se trata de satisfacer al otro, una intención es un compromiso contigo mismo. 

Si te abres a escuchar el llamado de tu corazón, que te dicta, por ejemplo, hacer un cambio; lo primero que tienes que hacer es armarte de valor y sembrar la intención de cambiar. Esta intención creará cierta inquietud que provocará que busques otras opciones. Si no te gusta tu trabajo y quieres dedicarte a lo que te apasiona, aunque quizás en un inicio los ingresos no sean suficientes para pagar la renta, tarde o temprano tendrás los logros deseados. Recuerda que, cuando das el paso, el puente aparece.

 

            Es por eso que la presencia y la conciencia de la intención harán que tus actos y palabras generen buen karma y, por lo tanto, que tu vida sea más armónica.

 

Karma e intención siempre van de la mano.

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