abrirse a la intuición

Yo no soy yo.

Soy éste que va mi lado sin yo verlo,

que a veces, voy a ver,

 y que, a veces olvido.

El que calla, sereno, cuando hablo,

el que perdona, dulce, cuando odio,

el que pasea por donde no estoy,

el que quedará en pie cuando yo muera.

 

Desde que conocí ese poema de Juan Ramón Jiménez, poeta español del siglo xx, me impactó por la sencillez con que expresa lo intangible.

 

El poema nos sugiere una verdad: no estamos solos. Pareciera que, de estar atentos, con el oído aguzado, siempre la voz de “algo” o de “alguien” nos acompaña de manera callada y serena, ¿sea el alma, la conciencia, un ángel, el ser inmortal? Lo ignoro.

 

Lo que sí sé es que la comunicación entre ese ser invisible que nos acompaña y el alma es un proceso interno; es el sentir que nos guía, que nos susurra “es por aquí”, algunos le llaman “intuición”. Su lenguaje consiste en impulsos, corazonadas, saberes inexplicables, sentires viscerales, imágenes, inspiraciones, incluso, sueños. Mensajes que son invitaciones o vínculos con una perspectiva más amplia y comprensiva de la vida.

 

¿Qué es la intuición?

 

La intuición es una simple y poderosa herramienta sensorial que opera sin la ayuda de los cinco sentidos y que tiene el fin de ayudarnos. Einstein decía que “la intuición es lo único que vale”. El diccionario define el término como: “Percepción clara, íntima, instantánea de una idea o verdad, como si se tuviera a la vista y sin que medie razonamiento”. “¿Ayudarnos a qué?”, te preguntarás querido lector, querida lectora.

 

Por lo pronto, a sobrevivir. Este sistema sutil nos indica dónde hay peligro, dónde hay riesgo y dónde no, quizá, por ejemplo, al transitar por una calle, elegir una pareja, una carrera o un trabajo.

 

Es la intuición la que nos ayuda a crear. También es la respuesta inesperada a una pregunta. Es el significado que toma forma en medio de la niebla. Es sentir de repente el impulso por innovar, por diseñar algo nuevo, por elegir tal o cual cosa, por comprar determinado libro, acudir a determinada cita que tal vez nos conectará con alguien con quien haremos un negocio o tendremos una relación. Es algo que primero se siente y luego se piensa.

 

Gary Zukav, autor estadounidense y fundador del Instituto Seat of the Soul, nos recuerda en su libro homónimo, la antigua regla: “Pide y se te dará”. Él afirma que no hay pregunta que se le haga a la vida que quede sin respuesta y define la intuición como un tipo de alambrado que conecta la personalidad con el alma, el diálogo entre la personalidad y el ser inmortal. Sin embargo, recalca que hay que saber pedir y hay que saber recibir.

 

Así como nos enseñaron a desarrollar y emplear el intelecto, a pensar las cosas, también podemos desarrollar la intuición, es decir, aprender a pedir orientación y recibirla. ¿Cómo?:

 

  • Ábrete, busca el silencio, escucha la voz de tu conciencia. Siente tu cuerpo, respiración y sensaciones. Medita y reflexiona. No trates de entender, sólo déjate impactar.
  • Hazle preguntas claras a tu intuición. Cuanto más la uses, mejor funciona.
  • Escribe las señales o ideas en un papel, porque es común que se esfumen.
  • Evalúa lo que la intuición te ofrece como solución, no lo rechaces ni lo admitas instantáneamente.

 

La revelación intuitiva puede darse en cualquier momento. Recuerda, aprecia y comprueba: “Yo no soy yo./ Soy éste que va mi lado sin yo verlo,/ que a veces, voy a ver,/ y que, a veces olvido./ El que calla, sereno, cuando hablo,/ el que perdona, dulce, cuando odio,/ el que pasea por donde no estoy,/ el que quedará en pie cuando yo muera. ”. ¿Lo sientes?

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