¿Cuáles son nuestros miedos? III

Todos hemos sentido miedo en algún momento de la vida, es algo normal mientras podamos controlarlo y no nos domine, nos paralice o nos envuelva en su telaraña; incluso puede ser una gran herramienta de sobrevivencia. Sin embargo, si el miedo nos gobierna o controla nuestra vida, además de ser nocivo se puede convertir en una adicción.

Sí, leíste bien, una adicción. A partir de esa emoción negativa la amígdala crea territorios familiares y estimula la producción de sustancias y conexiones neuronales en el cerebro. Este mecanismo no sólo se vuelve la norma, sino que nos volvemos adictos a él por las sustancias y las redes que produce.

Como hemos visto, todos tenemos un miedo básico que de acuerdo con el Eneagrama, varía en cada personalidad y nos acompaña a lo largo de la vida. Sólo podemos superarlo si le ponemos los reflectores, lo reconocemos y trabajamos en él.

En las semanas anteriores les platicaba que Roberto Pérez y Andrea Vargas nos dicen que si logramos controlar nuestro miedo fundamental, nos adueñaremos de nosotros mismos y nos liberaremos de su adicción.

Recordemos que las personalidades cuyo centro de inteligencia es el corazón tienen miedo al rechazo, mientras que las personalidades cuyo centro de inteligencia es la mente, tienen miedo a la realidad. Ahora bien, el miedo básico de las personalidades que ven la vida a partir del instinto, la víscera y el cuerpo es a "no poder".

Las de personalidad 1: Son personas perfeccionistas, estructuradas, ordenadas, honestas y exigentes. Cuando tienen todo bajo control se sienten seguras y fuertes. Pero cuando algo escapa de su dominio y se sienten débiles, tratan de controlar y de supervisar todo y a todos. Suelen sentir que cargan el mundo a sus espaldas y que nadie hará las cosas mejor que ellos. Ese control se puede llegar a convertir en una adicción.

Cuando superan la adicción a controlar a los demás, cuando reconocen que no pueden con todo, que el universo puede sobrevivir sin ellos y aceptan pedir ayuda, comienza su liberación.

Las de personalidad 8: Son personas directas, asertivas, tienen mucha energía y les gusta mandar. Cuando estas personas se sienten débiles, se vuelven agresivas y autoritarias para esconderlo. Tienen que demostrar que poseen el poder absoluto y que las cosas se hacen a su manera. Cuando su energía sale como un volcán, pueden ser muy hirientes con sus palabras o llegar a los golpes. Su adicción es al poder.

Cuando contactan ese miedo y se reconocen vulnerables, necesitadas de cariño y apoyo de otros, estas personas adquieren su verdadera fuerza. Se sienten un medio para servir al otro. Su sola presencia es autoridad y ya no necesitan de los gritos para imponerse.

La personalidad 9: Son personas tranquilas, prácticas, flexibles, muy amigables que transmiten paz. La paradoja con ellas, es que su manera de sentir seguridad es no haciendo nada: “A quien no hace nada, no le pasa nada”, “que nada me perturbe o me haga ruido, prefiero la tranquilidad”, “¿para qué sufrir con los problemas? Es mejor darles tiempo para que se resuelvan solos”, se dicen a sí mismas.

Entre más miedo tengan a no poder, más estáticas se quedan y más adictas a la comodidad se vuelven. Cuando vencen este miedo y se ponen las pilas, entran al mundo de otra manera, pues se dan cuenta de que equivocarse es una forma de aprender, de avanzar y, poco a poco, adquieren confianza, se sienten fuertes y su autoestima crece.

Podemos concluir que el control, la necesidad constante de poder y la tendencia reiterada de no hacer nada, también son adicciones en cuyo fondo está el miedo.

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