¿cuándo hablar y cuándo callar?

Una de las cosas que el confinamiento nos ha obligado a pulir es nuestra comunicación. Ya sea en persona o vía remota, nuestra forma de comunicarnos ha perdido las capas que solía tener hace algunos años, cuando las pantallas no existían. Entonces nuestra capacidad de percibir al otro era más amplia, captábamos el lenguaje corporal, el tono de voz, los gestos y la energía.

Hoy, en la mayoría de los casos, hemos reducido la comunicación a un mínimo de palabras vía chats; o en el mejor de los casos nos conectamos por Zoom o video llamada, pero estarás de acuerdo en que ¡no es lo mismo! Y, por si fuera poco, aderezamos la conversación con un gran error. ¿A qué me refiero?

Conciencia y ritmo

¿Alguna vez te has percatado que, movido por la urgencia de agregar algo a lo que el otro comenta, interrumpes la frase de tu interlocutor? De la misma manera, ¿has tenido ocasiones en que no te atreves a expresar lo que sientes? Es importante encontrar el valor para expresarlo porque, de no hacerlo, lamentaremos la traición a nosotros mismos.

La conversación es una esfera que a diario nos brinda la oportunidad de observarnos, estar en el presente y ser generosos con el otro. Sin embargo, para que sea efectiva, agradable y nutritiva requiere de dos ingredientes: conciencia y ritmo.

El secreto está en un segundo

El impulso por hablar, externar nuestra opinión o nuestro comentario chistoso, con frecuencia es tan fuerte que brota espontáneamente. Dicha ansiedad surge de un lugar profundo que alberga la necesidad de sentirse visto, escuchado, seguro, aceptado o tener un sentido de pertenencia. Ojo, entre menos confiados estemos, más presión y prisa sentiremos por hablar.  

Por otro lado, para las personas más introvertidas, quizá los espacios que se abren a su participación parecen irse antes de que puedan siquiera musitar. Suelen temer que al decir algo causen un revuelo o una desconexión.

Tomar la decisión de hablar o escuchar requiere un segundo. Pero ese tiempo es muy significativo y podemos alargarlo con una mente presente y la consciencia de su valor para una comunicación efectiva.

El yoga nos enseña a observar las sensaciones incómodas que surgen al entrar a una postura –puede ser una molestia en la cintura o la rodilla, etcétera. El método para disipar el malestar es llevar la respiración a esa zona antes de reaccionar y escapar de la postura. Lograr una permanencia sosegada dentro de la incomodidad es una capacidad que se construye con el tiempo. Conforme tenemos éxito en las pequeñas cosas, el sistema nervioso se reinicia y establece. Esto nos entrena para poder elegir ese segundo de silencio antes de hablar sin pensar.

Para crear ese espacio de silencio, mantenernos centrados y evitar el impulso por figurar o enmudecer, conviene buscar otras maneras de llenar esos vacíos. Es ahí donde entra la conciencia. Si lo que tenemos que decir es importante, ya encontraremos el momento oportuno y la manera de hacerlo.

En tu siguiente conversación te invito a poner en práctica lo siguiente:

1. Nota cuándo eliges hablar y cuándo escuchar.

2. Date cuenta de la urgente sensación interna por hablar o por callar.

3. Si te percatas de que hablaste sin pensar, detente y permite que la otra persona hable.

4. Observa lo bien que te sientes cuando esperas para hacer tu comentario sin urgencia; o bien, cuando tuviste el valor de hablar. Ése es tu mejor indicador.

Si nuestro cometido es comunicarnos, nuestra labor es descubrir patrones automáticos de conducta y desarrollar la flexibilidad para elegir cuándo callar y cuándo hablar.