Detente, respira y agradece

Me gusta mucho la costumbre de nuestros vecinos del norte de celebrar el Día de Gracias –con origen en la celebración de las buenas cosechas. Me parece un hábito que nos convendría adoptar o experimentar, pero no sólo un fin de semana, sino el año completo.

Más allá de los beneficios que la gratitud nos brinda en términos mentales y físicos, como en la salud, el bienestar y la calidad en nuestras relaciones, agradecer es una obligación. Pero hoy quiero invitarte a ir más allá de la gratitud y practicar el aprecio, te garantizo que tú y quienes te rodean serán más felices.

Recuerdo que en una ocasión Mateo mi nieto, entonces de dos años, me trajo una piedrita del jardín y la puso en mi mano. “Gracias, Mateo”, le contesté con una gran sonrisa. Acto seguido, Mateo regresó emocionado, moviendo su traserito de un lado a otro, a recolectar dos piedritas del jardín para colocarlas en mi mano una vez más, a lo que volví a agradecer. La acción la repitió varias veces, su motivación era ver mi cara de felicidad y la satisfacción de escuchar la palabra “gracias”.

Pienso que el Universo reacciona de la misma forma que un niño de dos años. Entre más le agradeces, más y con más gusto te regala a manos llenas. El asunto es darnos cuenta de los miles de regalos que la vida nos hace a diario, ya sea con la naturaleza, las coincidencias, la belleza, el arte, el abrazo, la palabra, etcétera…

Los presentes siempre están ahí para abrirlos con la mirada de la conciencia.

Detente, respira y agradece. Ponle una lupa a tu vida y haz que la palabra “gracias” sea lo primero que aparezca en tu mente al despertar. Abre los ojos a apreciar lo que ya es tuyo, lo que ya tienes.

Di “gracias” a todo, a Dios, a tus padres, a tus hijos, al agua de la regadera en la mañana, a tu cama, a los alimentos sobre la mesa, a una copa de vino, a la música, al aire que respiras, a tu cuerpo y a cada una de sus partes por hacer tan maravillosamente bien sus funciones.

Sobre todo, agradece por lo que ya hay; por lo que tu cuerpo si te da, por lo que no te duele y por lo que te permite hacer. Haz de la palabra “gracias” un mantra. Agradecer, todo lo engrandece, te trae al presente, por lo que realza cualquier experiencia, le da brillo, color, sonido y textura.

¿Agradecer o apreciar?

Hay diferencias. Puedo agradecer tener comida en la mesa, pero puedo ir más allá al apreciar su belleza, fragancia, sabor, lo nutritiva que es, o bien, el esfuerzo que hubo detrás de su preparación para que yo la disfrutara. Apreciar es algo más sutil, más detallado, es reconocer la calidad, el valor, el significado, la magnitud de las personas o de las cosas que agradecemos.

Cuando el aprecio lo dirigimos a las personas, significa reconocer lo que me hacen sentir cuando estoy con ellas, quizá más confianza, más inteligencia, más inspiración, mayor energía y demás. ¿Quién no se sentiría motivado con esto? Así que agradece y aprecia.

La próxima vez que te reúnas con tu familia o con tus amigos, ¿por qué no darle a cada quien el mejor regalo que se le puede dar a alguien: decirle algo en específico que hace bien, lo que amas de ella o él o alguna cualidad que admiras? Si lo haces frente a otros será aun más efectivo.
Ten por seguro que tu relación con esa persona se fortalecerá y al mismo tiempo te sentirás muy bien.

La vida ama a una persona agradecida. No permitas que las prisas, las obligaciones o la agenda, logren pasar por alto los momentos para agradecer.

Detente, respira y agradece. ¿Cuánto tiempo te toma? Dos segundos.

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