¿En bolsa de plástico? No, gracias.

Antes de que el sol arrecie, salgo a caminar a la playa. Suelo ir a Cancún con cierta frecuencia por razones de trabajo de mi esposo. Desde hace años, aprendí que debo llevar dos o tres bolsas de basura, para recoger tanto lo que el mar arroja, como lo que los turistas dejan de “recuerdo”.
Me gusta hacerlo y las razones que me motivan son, en primer lugar, ayudar a salvar a las especies marinas y a las aves que, pensando que son alimento, degluten el plástico o las tapas de botellas que abundan; al hacerlo muchas veces mueren pues se les quedan atorados en la garganta o en el intestino. Asimismo, los animales, como las tortugas, por ejemplo, quedan heridos con los popotes que se les encajan en la nariz, o bien atrapados por objetos de plástico.

En la medida de mis posibilidades recojo plásticos de las playas, para ayudar al mar en su esfuerzo de autolimpiarse. Así, al estilo niña Scout, hago también mi buena obra del día. Por último, lo realizo con la esperanza de que, al llegar al cielo, me encuentre con la pila de toda la basura que he recogido durante años, para compensar muchas de mis faltas en esta vida terrenal.
Imagina que millones de estas especies como las ballenas, los delfines, las focas, las rayas, los tiburones y otras más, que migran y recorren grandes distancias por los océanos del mundo, mueren ahogadas en bolsas de plástico. Sin contar con lo contaminantes que son estos materiales para las plantas, el medio ambiente y la vista de quienes disfrutamos admirar la naturaleza.

Un cambio de conciencia y de hábitos
Utilizar bolsas de plástico es parte de nuestra forma de vida, pero un poco de conciencia sobre el daño que causan nos lleva a reflexionar sobre su uso y ese es el propósito de esta entrega. Las utilizamos tan sólo unos minutos, para luego tirarlas como basura que quedará y contaminará el planeta por siglos.
Una familia como la tuya o la mía, consume en promedio 650 bolsas de plástico al año, ¿te imaginas? Cada vez que vamos al súper o compramos algún artículo, por lo general, recibimos una o varias bolsas de plástico. Esos miles de toneladas de plástico que entre todos consumimos, tardan al menos 150 años en biodegradarse –algunas fuentes mencionan que son hasta 600 años–, lo que contamina enormemente la tierra y los océanos.
En los últimos 60 años, desde que el plástico se inventó, hemos llenado nuestro mundo con sus desperdicios. Como no se han degradado todavía, la contaminación por plásticos crece y crece cada día.

¿A dónde van las bolsas?
¿Sabías que de acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, se usan entre 500 billones y un trillón de bolsas de plástico en el mundo, que menos de 1 por ciento de ellas se recicla, que es más costoso reciclar una bolsa plástica que producir una nueva?
Los humanos tiramos ocho millones de toneladas de plástico al año, que terminan en ríos, mares y lagos. En las ciudades ensucian las calles, tapan las coladeras, alcantarillas y cañerías; y en las costas del mundo, representan un serio problema de basura.
Es tristísimo llegar a lugares de la naturaleza que son maravillosos y atraen a miles de turistas locales y extranjeros en nuestro país y verlos llenos de bolsas y botellas de plástico. Por ejemplo, las Cascadas de Agua Azul y el Cañón del Sumidero.
“Se han encontrado bolsas plásticas flotando al norte del Círculo Ártico, cerca de Spitsbergen e incluso mucho más al sur, en las Islas Malvinas”, según la Encuesta Antártica Británica.
“Existe una economía áspera detrás del reciclaje de las bolsas plásticas. Procesar y reciclar una tonelada de ellas cuesta $4,000 dólares, la misma cantidad se vende en el mercado como materia prima en $32 dólares”, informa Jared Blumenfeld, director del Departamento del Medio Ambiente de San Francisco, California.

La buena noticia
Muchos países en el mundo, como Estados Unidos, Inglaterra, Francia Irlanda, España y Alemania, entre otros, han tomado medidas para desalentar su uso, como cobrar por ellas. Hace 10 años, la ciudad de San Francisco, fue la primera en prohibirlas por completo. Y en países como Australia, cerca de 90 por ciento de los negocios han firmado un acuerdo, de manera voluntaria, para reducir su uso.
Ojalá nuestro país despierte a este problema y comience a limitar, regular o prohibir las bolsas de plástico tan socorridas en la vida cotidiana. Sólo es cuestión de crear nuevos hábitos. Por lo pronto, cuando te pregunten si deseas una bolsa de plástico ve preparado con una alternativa para decir: “No gracias”.

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