En realidad, ¿qué nos hace envejecer? I

¿Por qué hay personas que se ven mucho más jóvenes que sus contemporáneas? ¿Por qué hay individuos que enferman y otros no?

Si bien muchos factores contribuyen a lo anterior, en la última década se ha descubierto uno biológico que nos ayuda a comprender lo que mantiene sanas a nuestras células.

Sabemos que la mala alimentación, la falta de ejercicio, el estrés y dormir poco contribuyen a un sinfín de enfermedades que nos llevan al deterioro y al envejecimiento prematuro, pero hasta ahora se desconocían mecanismos que también tienen importancia, como la relación cuerpo-mente.

Este nuevo descubrimiento ha transformado las discusiones sobre el tema: los telómeros –que son los extremos de los cromosomas. ¿Por qué es importante conservarlos? Porque conforme se achican te enfermas más, te arrugas más, tu energía disminuye y tu vida se acorta. Así de simple. El estrés y los pensamientos negativos acortan nuestra vida. Esto lo sabemos gracias a las doctoras Elizabeth Blackburn –ganadora de un Premio Nobel de medicina y fisiología–, y Elissa Epel.

Partamos de que a todo efecto visible, le corresponde una causa invisible; por ejemplo, para crear una mesa, un libro, una sinfonía o una revolución se requiere antes una idea, esa idea es la causa inmaterial que tiene una consecuencia en el mundo real o físico. Lo mismo sucede con los pensamientos y nuestro cuerpo. Nuestra mente es la que perfila la salud de las células.

Como bien dicen, información es poder. Aquellos que ignoren a sus telómeros están destinados al deterioro prematuro.

¿Qué son los telómeros?
Los telómeros son las puntas de tu adn, se asemejan a las puntas de unas agujetas, inciden en el ritmo de envejecimiento y en la mortandad de tus células. Cada vez que una célula se divide, el telómero estabiliza los cromosomas de la célula, que en el proceso se hace más corto. Cuando los telómeros se hacen muy pequeños, la célula no puede dividirse más y muere. Se cree que esto está relacionado con varios aspectos del envejecimiento, como la disminución de la masa muscular, las arrugas y una menor capacidad inmunológica.

Si antes se pensaba que el deterioro era inevitable, hoy se sabe que en gran medida está bajo nuestro control. Los telómeros son la única parte del adn que es flexible, podemos alargarlos, prevenir el envejecimiento celular y mejorar la calidad de vida mediante el bienestar psicológico y hábitos sanos. Incluso, los telómeros se pueden alargar o acortar durante lapsos mensuales, basados en lo que sucede en nuestra vida y el estilo de vida que optemos llevar.
Blackburn y Epel encontraron, por ejemplo, que las mujeres que viven con estrés emocional crónico, tienen telómeros más cortos, lo que da como resultado una reducción de la expectativa de vida de entre nueve y 17 años.

La buena noticia es que no es el estrés en sí, como tampoco los hechos, lo que determina el efecto, sino, asombrosamente, la percepción del mismo. Es decir, las mujeres que supieron manejar el estrés de manera más eficiente no mostraron acortamiento en los telómeros.

Las personas depresivas tienen telómeros más cortos; los pensamientos negativos, como el pesimismo y la hostilidad, y las situaciones que se perciben como amenazantes, o bien, desear ser alguien más, también se ligan con telómeros más cortos.

Podríamos concluir, entonces, que el ADN no determina nuestro destino biológico, porque también podemos influirlo a partir del manejo de nuestro estado de ánimo y de nuestras respuestas emocionales.

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