cuídate para cuidar a otros

Tarde o temprano a todos nos llega el momento de cuidar a un ser querido, ya sea por edad, enfermedad o alguna otra razón. Si bien, para quien brinda los cuidados, estos implican poner en pausa los proyectos personales y proporcionar un espectro de ayuda que incluye desde tiempo, energía, apoyo emocional y físico, hasta servicio en tareas cotidianas, como la higiene personal; para quien los recibe significan todo. Son, simplemente, la mejor medicina del mundo: sentirse querido.

Como cuidador es muy satisfactorio saber que das todo el amor posible por el otro. Sin embargo, ¡física y emocionalmente es agotador! A veces, el cuidador puede enfocarse tanto en las necesidades del otro, que olvida lo más importante: cuidarse a sí mismo. A veces es tal su entrega, que puede llegar a sentirse culpable, aislado o resentido; también puede mostrar síntomas físicos del estrés que la situación implica, como irritabilidad, insomnio, fatiga, dolores de cabeza, dolores musculares y depresión. A este cúmulo de manifestaciones se le conoce como el “agotamiento del cuidador”. Para evitarlo, necesita tener espacios para recargar fuerzas, mantener la estabilidad y energía.

Cuidar a alguien puede ser uno de los regalos más grandes que podemos dar. En lo personal, lo he podido experimentar en el último par de años, con el gran apoyo de mis hijos, familia y amigos. Sin embargo, es un camino con muchas subidas y bajadas, curvas inesperadas, hoyos negros en el camino que se acompañan también con arcoíris. En este recorrido es importante tener varios asideros, como seguir, en lo posible, con tu trabajo, alimentarte bien, monitorear tu salud, no dejar las visitas al médico o dentista y buscar una terapia de apoyo psicológico. Sin embargo, hay cuatro aspectos que no se pueden soslayar y deben ser tu prioridad si un día llegas a pasar por esta situación: hacer ejercicio, dormir ocho horas, monitorear tus pensamientos y delegar.

Hacer ejercicio, aunque sea salir a caminar un rato a la calle, es vital. Es un tiempo que te das para respirar otro aire, ver el cielo, escuchar música, un podcast o no hacer nada. Lo importante es moverte, liberar la energía negativa que es fácil acumular. Por las noches, el ejercicio te ayuda a conciliar mejor el sueño, además, eleva el ánimo. Si tienes un parque cerca o la facilidad de ir al campo, aprovéchalo, sal, hazlo. La naturaleza tiene un gran poder sanador.

Otra prioridad es dormir, por lo menos las ocho horas requeridas para mantener el balance al día siguiente. Y, por último, la que es un poco más difícil de cultivar: monitorear los pensamientos. Date cuenta de los momentos en que se apoderan de ti y te inundan de ansiedad. Ponte en las manos de Dios y mantente en el presente, “ahorita, en este momento, todo está bien” es el mantra del cual no debes salirte. Lo que suceda en el futuro, seguro vendrá acompañado de la fortaleza necesaria para solucionarlo.

Por último, cuanto estamos al frente del cuidado de un ser querido, podemos sentir la obligación de cargar todo el peso. El amor que le tenemos a una persona nos ciega para ver que es imposible tener el control. Incluso podemos sentirnos culpables de pedir apoyo a alguien o de dejar a nuestro ser querido en otras manos. Sin embargo, si nuestro deseo es darle lo mejor de nosotros, sólo será posible si nos cuidamos a nosotros mismos.

Conclusión: date tus espacios, descansa, reconoce la labor tan importante que haces, examina tus necesidades, busca un hombro sobre el cual llorar o desahogarte, para que al hacerlo puedas dar todo el amor y el cuidado que tu ser querido merece.