La edad y el gran descubrimiento

Si no tuvieras un espejo en el cual te reflejaras todos los días por las mañanas, te seguirías sintiendo la misma persona de siempre, como si los años no pasaran, ¿cierto? Por ello es posible que debido a tu percepción interior, te sientas de 20, de 30 o de 40 años de edad; sin embargo, también sabes que por fuera –en especial si ya pasas de los 40 años-- la gente te ve diferente, en especial los niños, o jóvenes que te hablan de “usted”.
“¿A qué edad eres viejo?”, le preguntaron a varios niños en un documental sobre la edad, realizado por la BBC de Londres. La respuesta espontánea de todos es muy graciosa: --A los 20, 27, 30 años, contestan con las cejas levantadas. Lo curioso es que después vemos a cuadro a una viejita de 95 años de edad que responde estoicamente a la misma pregunta, “Yo no me considero vieja”… Y nos deja pensando –al mismo tiempo comprobamos-- que la edad siempre es y será subjetiva.

Es un hecho que vivimos más años que antes. En los últimos 150 años, el promedio de vida se ha incrementado, si antes se encontraba cerca de los 45 años de edad, ahora se aproxima a los 80.
Claro que todos queremos vivir más, siempre y cuando tengamos vitalidad y calidad de vida.
De la misma manera, sabemos que alguien se puede ver 10 años mas joven o más grande de su edad cronológica. También hemos aprendido que no necesariamente tendremos los síntomas de envejecimiento que usualmente se presentan con el paso del tiempo, pues hoy es posible extender al máximo los beneficios de una vida sana, en lugar de fomentar la fragilidad de la vejez. ¿Pero cómo se logra esto y de qué depende?
Imagina que en las paredes de tu casa aparecieran unas grietas, de inmediato buscarías la causa, ¿cierto? Lo que por lógica no harías, sería mandarlas parchar y pintar por encimita para que no se vieran. Pues con nuestro cuerpo es igual. Si queremos vivir más años llenos de energía, vitalidad y tener una buena calidad de vida, en lugar de remediar cualquier pequeño o gran achaque de manera superficial, hay que ir al fondo, es decir, al nivel celular, para prevenir, fortalecer o remediar el daño o los daños que pueda haber.
Es emocionante saber que existen científicos como, Elizabeth H. Blackburn, Carol W. Greider y Jack W. Szostak, biólogos de la Universidad de San Francisco, California, ganadores del Premio Nobel en 2009, quienes hicieron el gran descubrimiento médico de los últimos tiempos: la descripción molecular de los telómeros y la telomerasa, y la relación que tienen con nuestra salud, edad y bienestar.
Se considera el gran descubrimiento por el cambio de paradigma que significa: tenemos un enorme control sobre la manera en que envejecemos y el estado de nuestra salud, sólo que hasta fechas recientes nos enteramos.

El origen
Envejecemos porque las células envejecen, así de sencillo. Sólo que dentro de cada célula hay un núcleo. Ese núcleo contiene cromosomas. En los cromosomas están los genes, es decir lo que te hace ser alto, bajo, moreno o rubio. Hasta aquí, ¿todo claro? Sigue conmigo.

Un cromosoma es como una agujeta larga. Esta agujeta es a su vez, como un collar de cuentas llamadas “bases”. Se estima que un típico cromosoma tiene unos 150 millones de bases.
Los telómeros se encuentran en las puntas de los cromosomas y únicamente constituyen cerca de 15 mil bases, al menos al momento de la concepción. Durante la gestación, cuando nuestras células empiezan a dividirse, los telómeros empiezan a acortarse.
Con la reducción del tamaño de los telómeros inicia el problema, porque de acuerdo con el científico Bill H. Andrews, director de Sierra Sciences, en Nevada, al momento de nacer, los telómeros ya sólo tienen 10 mil bases en lugar de las 15 mil iniciales, como si en el instante en que se viene al mundo el reloj biológico comenzara su tic tac y empezara la cuenta regresiva.
Ahora bien, conforme crecemos, las células continúan su división y nuestros telómeros su acortamiento, hasta llegar a las cinco mil bases. Al igual que si sacaras varias copias de un original, la tinta diluye y la imagen cada vez se ve menos y menos clara: con cada recorte y réplica de la célula, viene un grado más de envejecimiento.
Y ¿cuál es el resultado del acortamiento de los telómeros? En principio el cambio de la expresión de los genes, mismo que puede causar cáncer, enfermedades cardiovasculares, osteoporosis, Alzheimer, Sida, entre otros: también se debilita el sistema inmunológico, la piel se arruga, se mancha, pierdes energía y para qué seguimos. Todas las enfermedades de las que escuchamos hablar tienen que ver con un acortamiento de los telómeros.
Cuando los telómeros llegan al grado de perder la habilidad de acortarse es cuando la célula muere y ya no hay nada que hacer. La buena noticia es que hay maneras de aminorar y de prevenir ese desgaste y ahí radica la diferencia. Hay una enzima que evita este acortamiento progresivo: la telomerasa.
Los recientes experimentos científicos revelan que simples cambios en el estilo de vida de las personas pueden prevenir enfermedades, transformar y prolongar la calidad de vida. Esos cambios que si dependen de nosotros, es lo que veremos en el siguiente número.

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