Después de una hora salí convencida de que la magia existe. Se requiere experimentarla personalmente para convencerse de su realidad y de cuán terapéutica puede ser.
Acudí a realizar una “constelación familiar” por recomendación de una amiga que desde hacía tiempo había insistido en que era una gran terapia para aliviar esas piedritas que traes en el zapato, que si bien no son graves, coartan tu libertad y plenitud de ser. Aunque había presenciado una constelación, nunca antes había participado; en aquella ocasión permanecí incrédula ante lo que veía. Fue hace alrededor de diez años, dentro de un congreso de logoterapia. La persona que constelaba escogió entre el público a las personas que representarían los papeles de su papá, su mamá y su hermano menor, mismas con quienes nunca antes había tenido relación.
Una vez que los voluntarios estuvieron ubicados al frente del salón, la psicomagia comenzó: de manera inexplicable, cada uno comenzó a sentir, a hablar y a actuar como lo habrían hecho los personajes a quienes representaban. Y ahí, frente a todos, tuve una de las experiencias más fuertes que recuerdo. En ese momento no me explicaba cómo era posible que el supuesto papá le hablara a la joven sobre temas que ella le reclamaba. Desde entonces, ese tipo de terapia despertó mi curiosidad y ahora entiendo que tiene una explicación científica.
Tiempo después entrevisté a un experto en la materia en el programa de televisión que conduje en el Canal 40; en dicho programa el terapeuta realizó un ejercicio con la ayuda de cuatro camarógrafos e iluminadores que se prestaron como voluntarios. La dinámica tenía el fin de ilustrar cuán importante es la información sobre asuntos no resueltos, que se transmite de generación en generación a través de los campos mórficos.
Esta vez la sesión se basó en poner en relación unos muñequitos que yo misma sacaba a ciegas de una bolsa, y que representaban a las personas con quienes quería constelar. Cabe aclarar que es importante que alguien muy capacitado y profesional sea quien dirija la constelación para lograr sanar.
¿Qué son los campos mórficos?
Partamos de la base de que todo lo que existe está conformado por átomos y moléculas que son 99.999 por ciento espacio vacío. Fue el doctor Rupert Sheldrake quien a finales del siglo xx introdujo la teoría de los campos morfogenéticos o campos mórficos. Estos campos, según el investigador, permiten la transmisión de información entre organismos de la misma especie a través del espacio vacío que conforma todos los elementos de la Tierra y a través del cual estamos unidos. Tema que se entiende por la física cuántica.
Cada especie y elemento contiene un campo mórfico, que se forma con base en hábitos, experiencias, descubrimientos o pensamientos. Esto significa que cualquier ser vivo no sólo hereda un paquete genético, sino también un campo de información inteligente que fluye entre y por los organismos de manera inconsciente a través del tiempo y del espacio. Carl Jung lo explicaría como el “inconsciente colectivo”. Y Sheldrake en su libro Presencia del pasado: resonancia mórfica y hábitos de la naturaleza narra varios experimentos, entre ellos el de los famosos monos de la isla Koshima, ubicada en aguas de Japón. Se trata de lo siguiente:
Un grupo de científicos alimentaba a estos monos con camotes sin lavar. Un día, una hembra descubrió́ que al lavar el camote en el mar lo podía pelar y quitarle la arenilla que lo cubría para que supiera mejor. Al poco tiempo todos los monos de la isla de Koshima aprendieron la técnica. Pero no sólo eso, y esto es lo curioso y extraño, pronto todos los monos del continente comenzaron a lavar sus camotes a pesar de haberse evitado el contacto de los monos de Koshima con los de otros lugares.
Así como este experimento hay muchos que comprueban la teoría de los llamados campos mórficos, la cual explica, por ejemplo, que alguien en un punto del planeta invente algo, y que alguien más del otro lado del mundo haga lo mismo. La explicación de Sheldrake es que nuestra conciencia percibe al instante y al instante influye en cualquier parte del universo, pues puede abandonar el cuerpo y viajar más deprisa que un fotón a través de ámbitos infinitos. ¿No es una maravilla?
Con esto se comprueba que hay una matriz invisible –el campo morfogenético– que conecta todo con todo, capaz de producir un efecto remoto tanto en el espacio como en el tiempo. Ésta es la base sobre la cual se apoyan las constelaciones familiares; es como si las personas consteladas en ese nuevo sistema representativo, entraran en contacto o en la resonancia del sistema familiar de la persona, a pesar del alejamiento espacio temporal y sea que el familiar esté vivo o muerto. Por ejemplo, si la abuela sufrió un trauma muy fuerte y no lo expresó o trabajó, esa energía se transmitirá y afectará a algún hijo o nieto que, sin saber por qué, sentirá una carencia o un pesar.
Al realizar la constelación y encontrar la causa de un problema, no sólo se alivia la persona, sino todas las involucradas además de que ya no se transmitirá el pesar a la siguiente generación. Lo dicho: la magia existe.