La meta: coherencia II

La escena conmueve y nos toca el corazón.
Una niña pequeña y sin pelo, sentada sobre una cama de hospital, dibuja una cara sobre su hoja de papel.
--¿Quién es? Le pregunta el enfermero oncológico sentado junto a ella.
--Eres tú, le responde la niña.
--Ya sé que no es lo que más te gusta cariño, pero te voy a poner tu medicina ¿estás lista?
El enfermero toma la jeringa para inyectar la substancia lentamente a la cánula del suero que la niña ya tiene conectada a su brazo. En el instante, los dos conectan sus miradas y juntos empiezan a entonar una canción, que se nota han cantado ya una serie de veces hasta que, el medicamento termina de pasar.
--¿Cómo te sientes cariño? Le pregunta el enfermero
--Bien, le responde la niña
--Hiciste un buen trabajo.

Esta escena forma parte de la campaña que Johnson y Johnson ha lanzado en Estados Unidos a favor de los enfermeros. Al verla, de inmediato el corazón reacciona. No hace falta procesar la información en el cerebro para sentir compasión, empatía, ternura. Una serie de emociones que nos conectan –incluso a través de la pantalla, con el corazón de ese enfermero que trata de suavizar a la niña la dolorosa experiencia.
Es así que cuando una emoción sale de un corazón, de inmediato se conecta con otros corazones, sin importar si el idioma se comprende o no o bien, si la cultura nos es ajena o familiar.
“Trabajos recientes en el campo de la neuro-cardiología han confirmado que el corazón es un órgano sensorial y un centro sofisticado de información y codificación, con un sistema nervioso tan extenso e intrínseco que podría calificar como “cerebro del corazón. Sus circuitos permiten aprender, recordar y tomar decisiones funcionales independientes al cerebro”. Esto lo afirma el doctor Rollin McCraty del HeartMath Research Center, en su libro The Appreciative Heart.

A lo largo del tiempo, en todas las culturas, religiones y tradiciones espirituales, nos han invitado a amarnos unos a otros y a ser agradecidos con la vida como base fundamental para vivir sanos y en armonía. La pregunta es ¿Si intuitivamente lo sabemos por qué no forma parte de nuestra vida diaria? Automáticamente caemos presos de la preocupación, ansiedad, irritación culpa y demás. Ese “ruido interno” como lo llama McCraty, se genera de procesos mentales y emocionales sin control, que consumen nuestra energía y nos restan calidad de vida.

¡Qué irónico pensar que creemos controlar las cosas en el exterior cuando la verdadera batalla está dentro de nosotros!

Es por eso que los investigadores del HeartMath Institute, nos proponen construir y sostener emociones positivas de manera consciente a través de diversas técnicas; una de ellas es la del “corazón asegurado”, que aquí te comparto:

Cierra los ojos y relájate. Envía tu atención al área del corazón. Puedes colocar tu mano sobre él si esto te ayuda a enfocarte. Visualiza que tu respiración entra y sale pasando por esta área; inhala y exhala lentamente. Ahora, enfócate en crear un genuino sentimiento de aprecio y agradecimiento hacia algo o alguien que haya sido muy positivo en tu vida. Siente la emoción del aprecio, no sólo la pienses. Trata de sinceramente mantener esta sensación de amor tanto como puedas.
Los elementos clave de ésta técnica son: Enfócate (en el área del corazón), Aprecia y Radia (amor y cariño).
En medio de la actividad perpetua de nuestra vida, ésta técnica nos ofrece una manera sencilla de cultivar y amplificar las emociones positivas y sus efectos nutritivos para el alma, el cuerpo y la mente. Vale la pena ¿no?

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