Lo similar atrae lo similar

Estoy segura de que es ella, Valentina de cinco años la que nos engaña y no nosotros a ella como pretendemos creer.
El día de su cumpleaños, los abuelos le regalamos a la nieta un perrito cariñoso y juguetón al que nombró “Manchitas”, con el que muy pronto se encariñó. Pues resulta que al poco tiempo, por equis circunstancia, mientras Valentina se encontraba en el kínder, el perrito murió.

Quizá en un afán de sobreprotección y para evitarle que a tan temprana edad experimentara lo que es el dolor, pretendimos engañarla para rápido conseguir a un hermanito muy parecido al cachorro anterior que --sin mucho fijarse, eso creímos--, podría pasar por ser el mismo.
En la trama, no contamos con que el nuevo “Manchitas” tiene pavor de acercarse a cualquier ser humano. Es muy probable que de recién nacido alguien lo haya golpeado mucho. Ha pasado un año de esto y el perrito hasta la fecha, en cuanto ve que dos piernas de humano se le acercan, se arrincona en un lugar de la casa o del pequeño jardín y no permite que nadie se le acerque.

Valentina finge no haberse dado cuenta, mas amante de los animales como es, no ha podido expresarle al cachorro todo el amor que le tiene guardado y no entiende por qué. Pero tampoco el perro ha podido disfrutar del privilegio de pertenecer a un hogar con cuatro niños deseosos de mimarlo y de jugar con el. ¡El mundo le sería tan diferente!
Esta historia me hizo reflexionar, que al igual que “Manchitas”, hay personas que por alguna marca en el pasado, hoy se privan, se niegan, se cierran a la abundancia que la vida está deseosa de entregarles. Pero a diferencia de un animalito, los humanos tenemos la voluntad para elegir y desaprender. Y la única manera de encontrar el amor, es ser una persona amorosa.

La abundancia es el resultado de auto-valía personal
Observa a las personas cuya vida es abundante en términos de que rebosa salud, amor y son exitosas. Ellos con su actitud, su armonía interna, la generan y la aceptan con gracia. Si bien esto requiere de trabajo, no lo es todo. Hay que desarrollar una musculatura interna que fortalezca.
Para sostener la abundancia en nuestras vidas, antes que nada es básico aceptar que somos personas valiosas y que la merecemos.
Así mismo, evitar depositar nuestra valía personal en cosas ajenas y externas; eso es igual a construir una casa en la arena, cualquier viento se la lleva. Si la gente nos retira su aprobación, si el dinero de la cuenta se termina, la casa se desploma.

El sentirnos valiosos nos permite explorar caminos que nos lleven al bienestar y al gozo. En cambio, el sentirnos no merecedores es el resultado del miedo, la auto-devaluación y demás, lo que nos impide siquiera abrirle la puerta a la abundancia.
¿Conoces a alguien cuya vida navega en la escasez? Personas que viven en el miedo, en la culpa, en el rencor y por lo tanto lo que experimentan es soledad, fracasos y mala salud en general. Cuando estamos adictos a los pensamientos del miedo, como los alcohólicos tenemos que recupéranos día a día con unos minutos de meditación. Es sólo cuestión de recordar quienes somos. El amor es un viaje a nuestro interior, a nuestra esencia, a nuestra casa.

¿Abundancia?
Abundancia no significa tener la salud, el amor o la riqueza perfecta. La abundancia se encuentra en el espíritu, en la actitud, en la forma de mirar y aceptar la vida. Es precisamente esa abundancia la que nos permite navegar en ese océano de imperfección que es la vida. Así que más que buscar un eterno estado de gozo, la misión es navegar en la incertidumbre con la imperfección como guía.
Para lograrlo, lo primero que se necesita es sentirnos merecedores de todo tipo de abundancia y amarnos y sabernos individuos valiosos. Elegir en cada momento, en dónde estoy parado; no en términos del mundo, sino dentro de mi mismo.
Sin duda, la felicidad, la salud y la abundancia que experimentes en la vida, surge directamente de la habilidad de amarnos a nosotros mismos y a los demás. Y con esto nacemos, ya está integrado en nuestra naturaleza. Lo que importa no es a quién amas, en dónde amas, por qué amas o cómo amas, lo único que importa es que ames. Lo similar atrae a lo similar.

¿Qué ayuda?
1.- Darte cuenta de quién en realidad eres. Somos un ser y un humano en la misma persona que habita esta Tierra. El ser, es amor puro por naturaleza y lo encuentras una vez que logras quitar el caparazón del humano compuesto por el cuerpo, el ego, la personalidad y el rostro que muestras al mundo. Ese humano es simplemente una bolsa llena de juicios y perjuicios que no sabe ver más allá de lo que tiene en sus narices.

2.- Relajarte y saber que eres amor. En el momento en que te relajas, todo fluye y además te vuelves más atractivo, más divertido y más fácil de enamorarse de ti. Amor es lo que eres. Que te quede muy claro, no significa que el amor está en ti, sino que ya lo eres. Resulta que todo lo que compone al cuerpo, por si solo no sabe amar, por eso se esfuerza tanto para conseguirlo. Sólo detente, respira, relájate y permite que surja quien en verdad eres.

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