¿Por qué enfocarnos en lo positivo?

Era una noche de diciembre en la playa, cuando tuvimos una hermosa aparición.
Con unos amigos y sus hijos de varias edades hicimos una fogata sobre la arena por el puro gusto de estar, de mirar las estrellas y disfrutar el momento.

Mientras platicábamos alrededor del fuego, comencé a notar en la oscuridad una serie de pequeños seres que caminaban hacia nosotros por la arena. “¿Qué serán?” Pronto nos dimos cuenta de que eran unas cien tortuguitas recién nacidas a las que la luz de la fogata atraía en la dirección equivocada, y se aproximaban hacia nosotros en lugar de dirigirse hacia el mar.

Con gran entusiasmo comenzamos a tratar de redirigirlas, mas la luz era irresistible para ellas. Así que decidimos meterlas en una cubeta con agua de mar y esperar al día siguiente para liberarlas.
Lo que a estas tortuguitas les faltaba era la noción de la perspectiva. No tenían idea de hacia dónde se dirigían. Además, de que se deslumbraron con las luces artificiales. Dicho acontecimiento me llevó a reflexionar que a los humanos nos sucede lo mismo.

Qué fácil es fijar nuestra atención en todo lo que está mal en nuestras vidas, lo que carecemos, lo que nos falta. Sin contar con que también nos deslumbran las cosas artificiales y en apariencia indispensables. Mas, si no estamos atentos, podemos perder de vista todo aquello que sí tenemos. La prisa y el estrés suelen cubrir con una cortina todos los pequeños regalos de un día cualquiera.

Recuerdo la vez en que mi amiga Paola llegó agobiada a contarnos a Ana Laura y a mí la cantidad de “problemas” que tenía; cuando terminó de quejarse, Ana Laura le dijo: “Ay Paola, cómo me gustaría tener tus problemas”. Nos quedamos heladas. En especial por saber que Ana Laura pasaba por situaciones realmente difíciles y dolorosas. Fue una gran lección.

Es un hecho que sin importar las dificultades que vivas, siempre habrá en el mundo alguien que encantado cambiaría su lugar con el tuyo, alguien que estaría feliz de respirar como tú, caminar como tú, vivir donde tú vives, tener el trabajo que tú tienes, en fin. ¿Somos conscientes?

Si te quejas, te estancas; si agradeces, avanzas
Lo curioso es que al quejarnos de la situación en la que estamos, además de ahuyentar a todos a nuestro alrededor, jamás llegaremos a donde queremos llegar. Asimismo, habría que recordar que todo aquello en que ponemos atención, crece. Así que basta que nos quejemos de algo, para recibir más de ello.

Si sólo comprendiéramos a fondo esta ley de vida. ¿Por qué no cambiar la perspectiva? ¿Por qué no ver nuestras vidas desde otra óptica y darnos cuenta de que al quejarnos avanzamos hacia el lado contrario de nuestros objetivos, al igual que las tortugas?

Si te cuesta trabajo lo anterior, haz una lista de todas las bendiciones que la vida te ha dado. Si puedes ver el sol, escríbelo, ¿te levantaste de la cama sin ayuda?, escríbelo. Haz lo mismo con tu trabajo, tus amigos y tus hijos. Hay que despertar para darnos cuenta de que cada día es un regalo cotidiano, un milagro, no una cosa común, y como parte de este mundo, todos tenemos obstáculos que superar por el simple hecho de estar vivos. Seamos conscientes de cuántas veces nos quejamos:
“Tengo que ir a trabajar”, “tengo que cuidar a los niños”, “tengo que…”. Con este tipo de oraciones transformamos los que hacemos en una carga.

Nadie tiene que hacer nada. Observa lo que pasa si cambias el “tengo que”, por “ yo decido” o “yo quiero”. ¿Cuánta gente quisiera tener un trabajo? ¡Vaya, tener un bebé! Date la oportunidad de considerar que lo que consideras un problema o un peso en realidad no lo es. Al mirar las cosas con otro enfoque podrás darles otro carácter. Ésa es nuestra tarea minuto a minuto.

“Sentirte feliz es más que simplemente sentirte “bien”, como lo explica el doctor Corey Keyes, profesor de la Emory University, “es también ‘funcionar mejor’, y tener emociones positivas. Conseguir este balance da como resultado una sensación de felicidad que la psicología positiva describe como florecer. Es decir, sentirte en armonía con el mundo. Lo que se mide por el grado de satisfacción y sentido y propósito de vida que tengamos.

Ser feliz es una decisión. Una decisión sobre la actitud, el estilo de vida, la alimentación, la forma en que llevamos nuestras relaciones y el cultivo de nuestro crecimiento interior.
En suma podemos experimentar en carne propia lo que se siente ser feliz por dentro y feliz por fuera.

En la vida, todo es cuestión de perspectiva. Te invito a decirte todos los días: “amo comprobar lo que la vida me ama”. Verás que tu vida cambia.

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