¿Qué son los deseos?

¿Qué deseas en la vida? Por un momento imagina que no desearas nada, absolutamente nada. ¿Por las mañanas tendrías ganas de levantarte, de ir a trabajar o incluso de tener una pareja? No. Los deseos son la gasolina del cerebro y entre más deseos, también tendrás más combustible y motivación para vivir, crecer y experimentar.

¿Qué deseas en la vida? Por un momento imagina que no desearas nada, absolutamente nada. ¿Por las mañanas tendrías ganas de levantarte, de ir a trabajar o incluso de tener una pareja? No. Los deseos son la gasolina del cerebro y entre más deseos, también tendrás más combustible y motivación para vivir, crecer y experimentar.

Pero, ¿qué deseas en realidad? De acuerdo con los estudios, la gente lo que más desea son cinco cosas: amor, paz, felicidad, salud y riqueza. Lo interesante es que los deseos centrados en nuestro bienestar exclusivo, lejos de llevarnos a ser felices o a sentirnos plenos nos llevan a un profundo vacío y a comportarnos de una manera que los otros resienten.

En cambio, aquellas personas que comparten sus deseos con otros, se sienten mucho más felices y satisfechos emocionalmente que el resto.

“En el nivel del instinto, el deseo es una forma de hambre”, comentan Mark Robert Waldman y el doctor Chris Manning, en su libro NeuroWisdom. Para ellos, “satisfacer ese hambre es la principal meta de todo ser vivo”. El deseo te motiva y la motivación te llena de energía y vida.

Además, siempre irá acompañado de un recuerdo placentero o de una promesa de placer, pues de otra manera nadie lo desearía, ¿cierto?

 

Más energía inmediata
Hagamos un ejercicio que de inmediato le dará a tu cerebro más energía. Escribe cinco actividades que te hayan dado un enorme placer en el pasado. Ahora cierra los ojos y visualiza uno de esos recuerdos placenteros y revívelo una vez más. Disfruta cada detalle de la experiencia. ¿Lo sientes? Observa tu cuerpo y estado de ánimo. Acabas de estimular el centro de recompensa de tu cerebro, y esto lo despierta y motiva por completo.

Además, al recordar momentos placenteros, tu cerebro libera dopamina, una de las hormonas del bienestar que ayuda a mantenerte enfocado con claridad mental y a regular los pensamientos negativos, así como a mejorar el aprendizaje.

“Desafortunadamente, el cerebro humano tiene una pequeña rareza: a penas y registra las experiencias placenteras y, en cambio, hace mucho énfasis cada pequeño desagrado”, comentan Waldman y Manning. Entonces, ¿qué pasa si te enfocas en todo aquello que te deprime, te preocupa, a lo que le temes y demás? Al instante todo el proceso de motivación y el sistema de recompensa se desactiva.

Es por esta razón que es importante enfocarte de manera consciente en pequeños deseos y en conquistar pequeñas metas a lo largo del día, para felicitarte, agradecer a la vida y eliminar muchas de las formas de depresión, ansiedad y temor. Emociones a las cuales nos podemos volver adictos fácilmente.

¿Qué es lo que más le da placer al cerebro?
Todo nace del deseo que promete placer. El placer estimula la motivación y la motivación te lleva a buscar más placer. Sin embargo, como mencionaba, el cerebro está programado para poner más atención a aquello que nos causa dolor que a aquello que nos da éxtasis. Por lo tanto, es necesario entrenarlo con conciencia para registrar todas las sensaciones placenteras que experimentamos a través de los cinco sentidos, por pequeñas que sean.

Una de las cosas que más placer le provocan al cerebro se puede reducir a una palabra: lo nuevo. La novedad es uno de los motivadores más grandes que tenemos en la vida. De hecho, cuando tu cerebro explora el mundo, lo que investiga es si es nuevo o si es cool. ¿Huele, se ve o sabe interesante? ¿Me hace sentir bien o promete placer? Este dato los mercadólogos lo dominan y gracias a él siembran en nuestra mente de manera constante el deseo de compra mediante la publicidad.

Lo interesante es que la novedad no sólo se aplica a objetos sino a nuestras relaciones personales. El cerebro buscará asociarse con personas que exhiban cualidades que prometan placer o una futura recompensa. Así que para las relaciones a largo plazo es bueno renovarse, involucrarse en actividades nuevas, explorar nuevos niveles de intimidad y experimentar con nuevas formas de convivencia y comunicación.

Recuerda que el placer te motivará a moverte hacia tu objeto –o persona– que deseas y cualquier experiencia que genere incomodidad o dolor te llevará a que lo evites. Esto lo hace por instinto todo ser vivo con un sistema nervioso.

Pero vayamos con cautela, porque si sobre estimulamos el centro de recompensa, viviremos en un anhelo ambicioso que se puede transformar en ansiedad compulsiva. Es decir, demasiado placer te lleva a la impulsividad y la impulsividad te puede desviar de las verdaderas metas en tu vida.

Cuando se estudia a las personas altamente exitosas, se comprueba que tienen dos cosas en común: están muy motivadas y aman profundamente lo que hacen. Así que de nuevo te lanzo las preguntas: ¿qué deseas y qué te motiva? Por lo pronto, procura rodearte de la música que te gusta e involúcrate en todo aquello que tus sentidos aman. Te sentirás muy bien y te motivarás a alcanzar todo lo que has soñado.

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