realidad energética

¿Por qué hay personas que al entrar a un lugar o estar con ellas transmiten seguridad, equilibrio, un halo de energía luminosa y extensa que captamos sin captar; mientras que a otras las percibimos con la energía dispersa, débil, insignificante o mal gastada? Esta variación le sucede a todos, ya que se determina por un sinnúmero de factores como dónde estamos, con quién, cómo nos sentimos, qué pensamos, entre muchas cosas más, mismas que varían a lo largo del día.

 

Si estuviéramos más en contacto con nuestra intuición, seríamos conscientes de que hay una realidad energética debajo de nuestra historia y de la de los demás, la cual determina la calidad de vida. No hay salud sin energía. Las ideas sin energía carecen de valor, por lo que la energía es el elemento más importante.

 

La pregunta es: ¿cómo fortalecer dicha energía? La doctora Valerie Hunt, emérita de la Universidad de California en Los Ángeles (ucla), realizó cientos de experimentos sobre la energía de las personas y lo que la influye. Usó el método Kirlian o electrofotografía y los resultados fueron publicados en su momento. En los videos que se grabaron como parte del protocolo de investigación, llama poderosamente la atención lo que se constata. Dichos estudios siguen siendo válidos y la investigación continúa con tecnología más moderna, como magnetómetros híper sensibles.

 

Somos energía. De esto no hay duda. Todo lo que compone el universo es energía en distintas longitudes de onda y vibraciones con diferentes frecuencias. ¿Sabías que las más altas vibraciones son luz pura que van desde las que son no visibles a las que son visibles al ojo humano, y que las ondas de sonido son versiones más condensadas de la misma energía o que nuestros pensamientos y emociones son sólo diferentes frecuencias vibracionales y, de hecho, la materia no es más que una diversidad de energía comprimida?

 

En los videos que puedes ver en YouTube se captan las descargas energéticas o el campo eléctrico que surge de las personas, los alimentos, las plantas, los objetos y diversos organismos. En uno de ellos podemos ver la manera en que se afecta el biocampo, o la energía que rodea a una persona, por factores como qué come, con quién está, en dónde está, qué piensa o qué hace.

 

 

Por ejemplo, al presentarle a un joven alimentos nutritivos, vibrantes, sanos tales como frutas y verduras y consumirlos, su campo se ve grande, claro y radiante. En cambio, cuando se trata de comida chatarra, su campo energético se torna casi indetectable, lo que confirma aquello de “somos lo que comemos”, pero hay mucho más.

 

Cuando una persona entra a su casa y la recibe su perro, su campo crece y se ilumina mientras ambos interactúan con gozo. El hecho es que el intercambio de energía se retroalimenta, es decir, la energía del ser humano y su presencia tienen un efecto directo tanto en el perro como en sus propias células. Conmueve ver que el amor es la energía más poderosa y sanadora que existe.

 

Por otro lado, cuando alguien entona determinado canto o mantra, su campo crece enormemente. En fin, ese video nos muestra que nuestro campo energético varía en frecuencia y vibración de acuerdo con nuestra actividad interna, la cual incluye pensamientos, emociones y conductas, por dar algunos ejemplos; a lo cual se suman los estímulos y contactos con el exterior mediante nuestros benditos cinco sentidos.

 

          Como todo está unido, lo que haces en un área de tu vida, afecta el todo. Es decir, si decides ser congruente, amar la vida, diario hacer ejercicio, alimentarte bien, meditar, trabajar en aquello que amas y practicar algún hobby que disfrutas, de inmediato el reflejo será perceptible en esa realidad energética que todos captamos sin captar y que deseamos a toda costa elevar y transmitir.

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