¿Alguna vez te han hablado en un tono que te incomoda y te has quedado callado? Qué tal cuando un compañero, amigo o tu pareja te pide que hagas algo, de lo que en realidad no estás convencido, pero de todas maneras lo haces… ¿Cómo te sientes después?
Cada vez que nos quedamos callados, que dejamos pasar las cosas, que cedemos sin convencimiento, mostramos el poco valor que nos concedemos, ante nosotros y ante los demás. En esencia, nos auto-negamos como personas. Pero, ¿por qué lo hacemos?
Cuando somos niños, una de las primeras palabras que aprendemos a decir es “no”. Una de las razones, por supuesto, es la frecuencia con la que la escuchamos y porque es una palabra fácil de repetir. Así que el “no”, se convierte en un monosílabo muy popular en los primeros años de vida. Conforme crecemos, nos van enseñando que esta palabrita no es la más adecuada para contestar y, por el contrario, tenemos que hacer lo que se nos ordene.
Con esto en mente, en alguna parte de nuestra formación, perdemos la habilidad para negarnos y encontramos que es más fácil decirnos “no” a nosotros mismos, que decírselo a los demás. Hacemos esto, muchas veces, para llevar la fiesta en paz, para no ofender, por costumbre, porque es lo que nos enseñaron, para pertenecer, o para sentirnos aceptados por los otros. El hecho es que, con esta forma de reaccionar, corremos un gran riesgo y, con el tiempo, pagamos el precio. Sin ser conscientes, nuestra autoestima se deteriora poco a poco, vamos anidando y reprimiendo un resentimiento que puede tomar la fuerza de un volcán que, de un día para otro, para el asombro de quienes nos rodean, puede explotar.
Valdría la pena detenernos y escucharnos antes de contestar o de actuar. ¿Cómo me siento frente a esto? ¿En verdad quiero hacerlo? Necesitamos aprender a expresar nuestros pensamientos y deseos para hacer valer nuestros derechos, sin afectar los derechos de otros.
A continuación te presento una serie de creencias que nos inculcaron de chicos y que, como adultos, tenemos derecho a escoger para poder decidir si aún deben dominar nuestra forma de actuar:
1.- Es egoísta anteponer nuestras necesidades a las de otros.
– A veces, tenemos derecho de ponernos antes que los demás.
2.- Cometer un error es causa de vergüenza.
– Tenemos derecho a equivocarnos.
3.- Debes ser siempre consistente con tus ideas.
– Tenemos derecho a cambiar de opinión y actuar de manera diferente.
4.- Debes ser flexible y adaptarte a los demás sin cuestionarlos.
– Tenemos derecho a mostrarnos inconformes y protestar de buena manera sobre algo con lo que no estemos de acuerdo.
5.- Las cosas se pueden poner peor así que, mejor, ni le muevas.
– Tenemos derecho a negociar y provocar un cambio.
6.- No debes robarle tiempo a los demás con tus problemas.
– Tenemos derecho a pedir consejo, ayuda o apoyo emocional.
7.- A la gente no le gusta oír que te sientes mal, así que mejor cállate.
– Tenemos derecho a sentir y a expresar el dolor.
8.- No seas anti-social. Si no vas, la gente va a pensar que no te caen bien.
– Tenemos derecho a estar solos, aún cuando los demás deseen nuestra compañía.
9.- Siempre debes de incluir a todos. Si no lo haces, cuando necesites de la gente, no estarán.
-Tenemos derecho a decir no, en cualquier momento y circunstancia.
Como puedes ver, al decir “no” a las cosas que no queremos, en realidad, nos estamos diciendo “sí”. Esto construye y refuerza nuestra autoestima.
Tengamos en mente que el mejor respeto que podemos mostrar, es el respeto a nosotros mismos.