tu vida ¿cómo la ves?

En un experimento que se realizó hace algunos años, un grupo de científicos le pidió a unos estudiantes voluntarios que usaran lentes que invertían la imagen: los lentes hacían ver todo volteado de cabeza. Al principio, ellos se pegaban en todas las mesas, caminaban hacia las esquinas, se caían con frecuencia y la pasaban mal. Su cerebro sabía cómo eran las cosas en realidad y por eso rechazaba la nueva información.

 

Después pasó algo extraño. Luego de unos días, los estudiantes empezaron a aceptar su mundo ficticio como verdadero. El cerebro se acostumbró a la distorsión, al cabo de una semana se habían adaptado muy bien, por lo que los científicos decidieron prolongar el experimento durante un mes.  Al final de ese lapso, los estudiantes con lentes especiales podían leer y escribir tan fácil como siempre, incluso podían calcular distancias y eran capaces de subir y bajar escaleras como si nada.

 

Lo que este experimento sugiere es que nos adaptamos a las percepciones rápidamente, aun si vemos el mundo a través de unos lentes que distorsionan la realidad. Podríamos decir que, a través de un cambio de hábitos, un bombardeo de información manipulada y suficientes datos, podemos apreciar y aceptar como normal algo que, en otro tiempo, pudimos juzgar como imposible, extraño o erróneo. ¿Nos estará sucediendo mental y emocionalmente algo así producto de vivir tantos meses bajo una pandemia?

 

La pregunta es: ¿Qué tanto de nuestra percepción del mundo y auto concepto está basado en este tipo de información que como en el experimento es errónea? Cualquiera de los estudiantes del ensayo nos diría que una creencia torcida se va haciendo cada vez más real y natural, sobre todo si la hemos vivido por más de un mes. En otras palabras, una mentira sin confrontar pronto se hace verdad, “nuestra verdad”.

 

Basta escuchar los diversos informes políticos o bien a través de la historia, atestiguar ejemplos dramáticos de lo anterior: prisioneros de guerra o gente con valores y principios que es orillada al suicidio o involucrada en sectas y drogas.

 

Todos vemos al mundo y a nosotros mismos, a través de una serie de filtros. Mas los filtros que afectan nuestra manera de vivir son invisibles; son internos, mentales, emocionales, verbales y de percepción. Son producto de nuestra experiencia y de la información que recibimos del exterior y afectan lo que vemos, lo que escuchamos y creemos, a través de ellos procesamos y construimos nuestra realidad.

 

El riesgo es que, cualquier cosa que pase por nuestro filtro, cierto o falso, se convierte en creencia. Podemos llegar a creer que todo esto es normal, pero ¿lo es? ¿O sólo se ve así porque hace mucho tiempo que no tenemos una visión clara de quiénes somos y del gran potencial que tenemos a la espera a ser utilizado? ¿Ya no reconocemos lo que es real? ¿Lo hemos olvidado? Quizá nuestra vida se ha vuelto una lucha de supervivencia diaria, con temores, cuentas por pagar, trabajo, familia, culpa y torbellino. Quizá nuestro filtro está tan contaminado con problemas que ya no pasa nada más por ahí.

 

Hoy, te invito a cuestionarnos todo aquello que pasa por, a través y desde nuestros filtros, para evitar hacernos daño como persona o como país. Porque las percepciones, nacidas de creencias o de la información que recibimos del exterior, bien pueden estar equivocadas y llevarnos a ignorar lo que en verdad es correcto o hay de positivo en nosotros... Sobre todo, corremos el riesgo de acostumbrarnos como los estudiantes, a vivir en un mundo de cabeza.

 

 

 

 

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