Tú y tu campo electromagnético

Con sólo entrar al departamento o a la casa de una persona –no importa si la conoces o no–, obtienes de inmediato una gran cantidad de información a nivel energético; percibes cierta fuerza, que puede ser agradable o desagradable y que comúnmente llamamos “vibra”. De manera extraña adviertes la personalidad de quienes la habitan, así como su educación, sensibilidad, cultura, edad, gustos y el ambiente de hospitalidad u hostilidad, resultado del tipo de la relación que la familia tiene entre sí. De eso me percaté al visitar varios sitios con una corredora de bienes raíces, cuando mi esposo y yo buscábamos un lugar para cambiarnos.
Asimismo, cuando vimos casas vacías, comprobé que se puede notar todo lo anterior sobre los dueños que las acababan de desocupar, como si la vibra permaneciera atrapada en el aire.
Esto también sucede con las personas. Quizás al entrar a un lugar te has percatado de que algo no está bien con la persona que se encuentra ahí, y después te enteras de que acaba de recibir una mala noticia, o bien, de discutir con alguien. Sucede también que basta con que un miembro del equipo o familia tenga una mala actitud, para que todo el ambiente se estropee, ¿cierto?
Por otro lado, ¿has notado que estar cerca de algunas personas hace que te sientas bien, contento y de buen humor?

La ciencia lo puede explicar
Las nuevas investigaciones del HeartMath Research Center, muestran cómo, sin saberlo, nos afectamos unos a otros. El punto de partida es el corazón, ya que es la fuente de energía rítmica electromagnética más grande del cuerpo. Cada vez que éste late, produce electricidad. Cuando se produce electricidad se crea un campo electromagnético, tú campo electromagnético. Esto es física básica. El campo magnético viaja desde el cuerpo como una onda que transporta información y es único porque puede penetrar la piel, entre otras cosas.
Los magnetómetros son instrumentos para medir la fuerza y dirección de un campo magnético, en este caso del corazón, mismo que se puede captar hasta a un metro de distancia del cuerpo. Imagina que tuviéramos un globo transparente a nuestro alrededor, el cual nos acompaña siempre a lo largo del día e interactúa con los globos de los demás –queramos o no. De hecho, el campo magnético del corazón viaja mucho más lejos, pero la sensibilidad de los instrumentos de medida es limitada.

Por otro lado, el cerebro, también tiene un campo magnético, que se puede captar únicamente a 2.54 centímetros de distancia. Los científicos han demostrado que la calidad de nuestros pensamientos y emociones afecta la información contenida en el campo electromagnético que portamos, por lo que incide en las personas de nuestro alrededor.
Cuando no tenemos alineado lo que pensamos con lo que sentimos, se convierte en una fuente de estrés importante.
Con electrocardiogramas, los científicos del HeartMath analizan e identifican las diferentes “firmas” o “huellas” de lo que en un momento podemos sentir. Por ejemplo, cuando estamos frustrados las gráficas se muestran caóticas, incoherentes y disparejas; en cambio, cuando tenemos sentimientos de aprecio, gozo o gratitud, las amplitudes de onda se vuelven largas, parejas y coherentes.

Somos como una estación de radio
En todo momento, seamos conscientes de ello o no, transmitimos con señales lo que sentimos a través de nuestro campo magnético, tal como si fuéramos una estación de radio. Los científicos pueden identificar nuestras ondas con 75 por ciento de precisión.
En un experimento, investigadores realizaron mediciones del campo magnético de Josh, un adolescente, y su perra Mabel, con medidores portátiles que registraban la actividad de su corazón. Al principio los dos estaban en cuartos separados. Después llevaron a Mabel al laboratorio y le pidieron a Josh que entrara pero sin hablarle ni tocarla. Sólo le indicaron que se sentara y creara un sentimiento de amor hacia su mascota. En ese momento las gráficas de los dos entraron en un estado de coherencia. Era una interacción puramente energética. Cuando Josh salió del laboratorio, el ritmo del corazón de ambos se volvió irregular.
Si esto sucede entre un joven y su mascota, imagina lo que pasa entre un bebé y su madre. Los científicos también hicieron estas pruebas. Conectaron a ambos y le pidieron a la mamá que, sin tocar a su bebé, enfocara su atención sólo en él. De inmediato las ondas cerebrales de la mamá entraron en sincronía con los latidos del corazón del bebé.
Esta es la razón por la cual, cuando un grupo de amigos, familiares o colegas están en armonía y se caen bien, las ondas coherentes de los presentes crean una atmósfera agradable. Todos entran en un estado de coherencia que impacta su bienestar, desempeño y salud, lo que se convierte en una manera muy efectiva de apoyarse mutuamente –o bien, todo lo contrario.
Como ves, no todo está en el otro, somos parte del todo. La tarea en un momento dado, sería identificar sí estamos o no alineados entre lo que pensamos y sentimos y, si con nuestro campo electromagnético nutrimos o afectamos a la familia, al entorno en el que vivimos, en el que trabajamos y finalmente al planeta.

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